EL VERDADERO AMOR

El verdadero amor, ¿existe? Me casé con la idea de haberlo encontrado, pero en medio de la rutina diaria, muchas veces me he preguntado ¿en dónde está?

Tú, que estás leyendo este post:

¿Te casaste pensando en vivir un amor de película?

Hace unos días mi esposo y yo estábamos viendo la película de la Madre Teresa de Calcuta.

Vimos a una mujer de baja estatura (pequeña), llena de vida y de amor para dar. Miramos con cuánta ternura iba al otro, lo recibía, lo acogía, lo curaba y lo cuidaba.

Esa mujer, estando rodeada de pobreza, de enfermedad y muerte, transformaba esa dura realidad, en una oportunidad para dar amor y para dar vida.

Cuentan que una vez, un ateo le dijo: “Yo no creo en Dios, pero si Dios existe, seguro es como usted”.

Entonces pensé: Así como ella, ¿yo lo hago con los pobres y los necesitados que encuentro en la calle? 

La respuesta fue no. No hago nada. Aún no me atrevo a hacer gran cosa. A veces me limito a dar solamente unas monedas.

Viendo esta película u otras, sobre la vida de los santos, ha sucedido algo en mi corazón.

Descubro que son personas que tienen un claro sentido de vida y eso me motiva, me alienta a descubrir que hay mucha necesidad en el mundo (y no es necesario ir hasta Calcuta).

Mira a tu alrededor:

Entendí que no necesito viajar tanto.
Tengo una misión clara todos los días. Lo único que tengo que hacer es voltear a mí al rededor, mirar a quien está a mi lado y encontrar allí mi Calcuta. ¿En dónde? Con los que tengo en casa.

Mi familia es mi Calcuta.

Vino a mi mente mi familia y pensé que quizá aquellos que están más cerca de mí, son los que más me necesitan.

Las preguntas que me hice fueron: ¿estoy con los de casa?, ¿los ayudo en sus necesidades?, ¿escucho a mi esposo, a mis hijos?

Descubrí que fácilmente se me olvida ser cercana, fraterna con ellos.

Estoy metida en mis largas jornadas de trabajo, en la rutina diaria, en el “ya se me hizo tarde”, “estoy presionada”, “tengo mucho trabajo” y allí se me va la vida.

Entre las tareas de casa y los temas de trabajo hay días en que no puedo dedicarle tiempo a mis hijos o a mi esposo.

Miro a mis dos pequeños que empiezan a inquietarse. Pasa por mi mente la gran pregunta: ¿qué necesitan? ¿por qué quieren llamar mi atención?

Su manera de hacerlo es intentando desconectar mi lap top, gritando, llorando, peleando entre ellos. Mi bebé de 2 años, me ha dicho: necesito un abrazo de mamá.

Una respuesta simple y sencilla:

Se da cuenta que su mamá está presente pero ausente.

Así que me he dado a la tarea de descubrir en momentos como ese, que tengo: una oportunidad de hacer realidad el verdadero amor.

Entonces: ¿Te animas a hacer esta pregunta a tus hijos la próxima vez que los notes inquietos?

¿Harías una pausa en medio de tus múltiples tareas para estar con ellos y disfrutarlos?

Recordé una cita bíblica que dice: “dejaron todo y lo siguieron” Lucas 5, 11.

¡Sí Jesús! Gracias por la respuesta. Eso quiero. Dejarlo todo y seguirte. Porque tú eres el gran maestro en temas de amor.

Escuchar a mis hijos me lleva a hacer una pausa (a dejarlo todo) y destinar un rato para estar con ellos. Abrazarnos, bailar, jugar y divertirnos.

Familia

¡Cuánto bien nos hace el amor!

Ese amor que es eterno, que permanece constante, que se da, que se entrega, que se dona.

En esta semana ¿cuántas veces le has preguntado a tu esposo cómo se siente?. ¿Has platicado con él sobre qué necesita? ¿le has dado un abrazo, un beso?

¿Por qué es necesario hacer una pausa?

Porque el ritmo de la vida nos tiene secuestrados.

Me doy cuenta que mi día se termina y estuve todo el tiempo frente a la computadora o en los que haceres de la casa.

Obscureció y no hice ninguna pausa en donde “dejara todo”, al menos durante una hora para jugar con mis pequeños o para tomarme un café a solas con mi esposo y platicar como lo hacíamos cuando éramos novios.

Por lo tanto, te pregunto a ti ¿hace cuánto tiempo no lo haces?

¿Verdad que así se nos va la vida?, en el ritmo acelerado y el trajín diario.

Detrás del estar secuestrados por el trabajo pueden estar varios factores: la situación económica actual, buscar un ascenso, ganar más dinero, tener comodidades y lujos para la familia, etc. 

El problema es cuando se nos vuelve una obsesión querer entregar todo perfecto, en el momento exacto en el que nos lo solicitan (no importando la hora) y sacrificamos el gran tesoro que tenemos:

Nuestro matrimonio, nuestra familia.

Ahora que muchos de nosotros estamos haciendo Home Office, el trabajo se ha desbordado, parece que a los jefes se les olvidó que tenemos un “horario laboral”.

Aclaro que tenemos que trabajar y ser responsables con nuestras obligaciones porque la economía familiar está en juego. 

Pero seamos realistas: El trabajo nunca se acaba. ¡La vida sí!. Tenemos una vida por vivir y una familia que disfrutar.

La gran pregunta que nos hace Jesús:

¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida? Mateo 16, 26

¿De qué sirve todo eso si en la casa se siente el frío de la ausencia?

Aunque estamos haciendo Home Office con los niños y el esposo en casa, pareciera que nos volvemos “parte de los muebles”. Somos los nuevos “Padres presentes pero ausentes”.

Somo los esposos que estamos “juntos” 24 horas por 7 días y aunque nos vemos, no nos disfrutamos, no nos abrazamos. Es más, ni un vaso de agua nos ofrecemos. 

Entonces, deberíamos aprender algo importante sobre verdadero amor de estos tiempos. Ser más conscientes de que cada día de nuestra vida es único e irrepetible.

La vida es frágil, se acaba en cualquier momento.

Ahorita estamos, mañana ¿quién sabe?

Hoy más que nunca eso nos ha quedado claro. Nadie tiene los años de su vida asegurados.

Deberíamos tener muchas ganas de vivir nuestros días amando al máximo, a los nuestros, a los de casa porque nuestra vida es frágil, vulnerable, y corta.

¿Vale la pena invertirla sólo en trabajar y trabajar? ¿Vale la pena desgastar nuestras relaciones familiares obsesionándonos con cumplir en el trabajo, buscando tener más bienes, vivir con más comodidades y lujos?

A lo mejor tu motivación principal es comprarte el celular más reciente, el perfume más caro, vestir a la moda. Piénsalo, ¿te entusiasman las ofertas que ves en internet?

Analicemos.

¿Qué pasa cuando haces tú compra?
¡Wow! ¡Felicidad total!. Llega el gran día. Al fin lo tienes en tus manos, estás super feliz. Abres el empaque, saltas de emoción. Todo indica que ha valido la pena el tiempo, dinero y esfuerzo invertidos.

Al pasar los días, te das cuenta que es un artículo más de tu vida. Es parte de tu cotidianidad y ¡adiós felicidad!

¿Sabías que?

Expertos de la Universidad de British Columbia dicen que: la felicidad por adquirir un bien material dura poco más de dos meses.

Yo diría que incluso menos. Basta que a la semana de tu compra, se rompa la pantalla de tu celular o que debido a la inseguridad que vivimos en nuestras ciudades, te lo roben. En ambos casos: fin de la felicidad.

En éste mismo estudio, analizaron la diferencia que hay al invertir el dinero ganado en experiencias. Y ¿qué crees?

Esa felicidad, al convertirse en un recuerdo, permanece en el tiempo y al traerlo a la mente, regresa al presente.

Hablando de experiencias del verdadero amor

¿Hace cuánto tiempo no te vas a cenar con tu esposo?, ¿O le invitas un helado? ¿Han cenado juntos a solas, recientemente? ¿Se han tomado de la mano? ¿Quizá un abrazo o un beso en medio de su jornada laboral?

¿Hace cuánto tus pequeños quieren jugar un juego de mesa, armar legos o un rompe cabezas?

O quizá salir al parque sólo a respirar aire distinto del de casa (con todas las precauciones que se requieren) y no los llevan.

La vida, no es como en los video juegos en donde aparece “Game Over”, le das Reset y listo. Empiezas de nuevo ¡No!

Mira a tu alrededor. Yo he perdido a varios amigos y familiares. Conozco a amigos que en estos días han quedado viudos, huérfanos, han perdido a sus hijos. Es una realidad. En cuestión de días la vida da un giro que no imaginaste.

¿No tendríamos que valorar más nuestras vidas? ¿Disfrutar cada minuto, cada segundo? 

Disfrutar de aquello que vale la pena, tu familia, tu matrimonio.

Creo que debemos buscar el balance ideal, establecer tiempos, horarios para cada cosa.

En otras palabras: estamos, pero no estamos, porque vivimos inmersos en nuestro mundo laboral.

El verdadero amor, es el que estás llamado a vivir dentro de tu hogar.

Cuánta sabiduría en esta Palabra:

“No junten tesoros y reservas aquí en la tierra, donde la polilla y el óxido hacen estragos, y donde los ladrones rompen el muro y roban.” Mateo 6, 19

amor

El sueño de Jesús.
Lo que él más desea de nosotros, sus queridos matrimonios, es que seamos felices y plenos en nuestras familias.

En otras palabras; que descubramos en medio de las dificultades y contrariedades de la vida, hay una misión grande: El verdadero amor.

La misión de amar más y mejor cada día.

Fácilmente se nos olvida ese llamado inicial. ¡Nos cuesta la entrega de todos los días! No es fácil, no es sencillo.

Por ejemplo: Cuando nos damos cuenta parece que olvidamos nuestros votos. Esa parte especial que dice: “amarte y respetarte todos los días de mi vida”

Nos gana nuestra humanidad, nuestro egoísmo, nuestra soberbia y parece que nuestro objetivo principal es demostrar quién tiene o no la razón.

Escogimos un lema cuando nos casamos. Fue la cita de Juan 15, 13 “No hay amor más grande que dar la vida”.

Entendíamos que al decir sí frente al altar estábamos entregando nuestra vida, lo más preciado que tenemos, el mayor de nuestros tesoros.

Dar la vida todos los días amando es lo que nos recuerda que el llamado al matrimonio va más allá de nuestras propias fuerzas, es por eso que se dice bien: “El matrimonio es una vocación”. 

¡Vamos a la acción!

Con éstos 9 puntos para vivir el verdadero amor.

En el trabajo:

1. Establece límites para atender temas de trabajo. Recuerda que el trabajo nunca se acaba, ¡la vida sí!.
2. Es importante que tengas tiempo para ti, para tu esposo(a) e hijos. Es hora de meterlos formalmente en tu agenda.
3. Haz consciencia de que te puedes convertir en un mueble para tus seres queridos, si no te despegas de tu computadora o tu celular.

Con tu esposo(a):

1. Haz el propósito de poner más atención en lo que pudiera necesitar. Ten algunos detalles como los de la lista:
– Un vaso con agua
– Un abrazo, un beso, un masaje.
– Apoyo con los niños.
– Un mensaje de texto con un ¡Te amo!
2. Duerman a los pequeños máximo a las 8:00 p.m. para tener tiempo de disfrutarse y estar a solas como cuando eran novios.

3. Al menos una vez a la semana, preparen algo especial sólo para ustedes dos. Aprovechen para platicar y divertirse. (Cena romántica, juegos de mesa, películas, etc.)

Con tus hijos:

1. Destina al menos una hora diaria para jugar y divertirte con tus pequeños.
2. Cuando hagan berrinche, acércate y si te lo permiten, abrázalos. Pregúntales ¿qué necesitan? Recuerda que la respuesta de fondo muy probablemente será “Te necesito a ti mamá, a ti papá”.
3. La mejor herencia que un padre puede dar a sus hijos son los momentos entrañables, sé cercano con ellos.

¡Disfruta la vida! ¡Vívela amando!

En conclusión.

Después de estos años de matrimonio, puedo decir que, si ponemos en práctica lo que aprendemos de Jesús, vivimos el verdadero amor.

Estando atento a lo que el otro necesita, ayudándolo, apoyándolo. 

Es sobre todo un llamado profundo en el corazón a amar sin parar, a perdonar, a escuchar, a ser refugio para el uno para el otro y así juntos sanar.

¿No te gustaría ser reflejo del mismo Jesús para tu esposo(a) y que tú también le mires allí?

¿Qué sentido tan diferente tendría la vida y cuántos milagros ocurrirían a diario si fuésemos fieles a ese llamado, a ese sueño de Dios con los matrimonios?

Por lo tanto…

El verdadero amor

Consiste en aprender cada día a amarse, apoyarse, salir de uno mismo, hacer actos concretos de servicio el uno para el otro.

Si lo hacen, descubrirán además que su felicidad se multiplica. Es más, aunque hayan pasado los años regresarán al primer amor. Les puedo decir que nosotros así lo hemos confirmado.

Ha tenido sus implicaciones, sus retos, sus dificultades en el camino. No ha sido fácil, pero ha valido mucho la pena, pues cada día hemos aprendido algo nuevo.
Termino con una frase de San Agustín: “La medida del amor, es amar sin medida”

Oración.

Papá Dios: Queremos darte las gracias porque hoy nos hemos hecho conscientes de lo frágil que es nuestra vida. Gracias porque nos has recordado que el tesoro más valioso que tenemos es nuestra familia, nuestro matrimonio.

Hacemos oración por cada uno de los esposos, esposas que hemos leído y escuchado este Podcast. Para que aprendamos cada día a amar más y mejor. Amén.

Si estás viviendo alguna situación que se ha tornado muy complicada o difícil, y no sabes cómo abordarla o trabajarla, recuerda que cuentas con profesionales Psicólogos Católicos que los pueden acompañarte o acompañarlos en éste proceso.
Un Psicólogo Católico es un profesional de la Psicología, con un enfoque científico, fundamentado en la antropología cristiana-católica.

El verdadero amor – Valeria Sandoval.

1. Discurso del Santo Padre Francisco a las parejas de novios que se preparan para el matrimonio. Plaza de San Pedro. Viernes 14 de febrero 2014.

Te recomendamos leer también:
El matrimonio de esos amores eternos.
Los escalones del Felices para siempre

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