Del juicio de Jesús a mis juicios en el matrimonio

¿Había pasado por tu mente que el juicio de Jesús puede parecerse a los juicios que haces en tu matrimonio? 

En este post te compartimos 5 aspectos que podrás comparar para ver si tú también el día de hoy, sigues condenando a Jesús en tu más próximo, en tu esposo(a). 

¿Será? Lee el post completo. El punto 3 me encantó.

El sacramento del matrimonio.

Es un tesoro que se pone en nuestras manos cuando nos casamos, y como todo tesoro es necesario cuidarlo, mantenerlo lejos de cualquier peligro que amenace con arrebatarlo.

Cuando somos niños y nos han dan algo muy valioso, lo más accesible es dárselo a alguien mayor para que lo cuide, ya sea a nuestra mamá, papá, hermana, madrina.

Ahora que somos adultos, ahora que estamos casados, ¿En manos de quién confiamos el tesoro de nuestro matrimonio? 

¿Nos damos cuenta de que, tenemos algo sagrado y que se nos ha confiado a los dos para cuidarlo?

En la medida que pasan los años y vivimos juntos el amor se hace más profundo, es verdad que ya no es el mismo, pues idealmente debe ser mejor.

¿Qué pasa entonces cuando ya no es el mismo y a la vez no es mejor?

Puede ser que como pareja cometamos errores que nos hacen perder de vista la riqueza que nos fue confiada el día en que nos casamos.

En el Triduo Pascual, el viernes santo, es un día en el que nos detenemos a contemplar la pasión de Jesús. 

Una pasión cargada de dolor y sufrimiento, pero vivida por Él con un amor extremo por cada uno de nosotros.

Así, podemos contemplar entonces que también se aplica a nuestra vivencia como pareja esta pasión que vive Jesús.
¿En dónde empieza? ¿Cómo? Siempre son pequeños detalles los que hacen grietas muy grandes.

1) EL JUICIO

Dentro de la vivencia diaria tenemos desacuerdos porque pensamos diferente, a veces no nos gusta la forma en la que actúa mi pareja porque yo no lo haría así. 

Pero es importante que dialoguemos esos desacuerdos. De lo contrario, puedo empezar a juzgar a mi esposo(a).

Ahí empieza una grieta que puede llegar a convertirse, con el tiempo, en un abismo si no me detengo y no hacemos algo para repararlo.

Si es un desacuerdo entre los dos, hemos de solucionarlo entre los dos, ¿no es así? Y ¿Quién debe enterarse de esto? Solo los dos, nadie más.

Un error frecuente es contarle a mi mamá, o a mi amigo, para que me ayude a ver qué le digo, pero ni la mamá ni el amigo estuvo presente en el desacuerdo, solo la pareja, por lo tanto, lo más lógico sería que la pareja buscara la solución.

Es lo que podemos observar en el evangelio de Juan, los judíos tienen diferencias de criterios con Jesús ¿y qué hacen? Lo llevan ante el procurador romano, para que él lo juzgue.

matrimonio separación coyugal
“De la casa de Caifás llevan a Jesús al pretorio” (Jn 18,28) 

¿Por qué? Porque ellos tenían una forma concreta de cumplir con la ley de Dios y Jesús la estaba quebrantando, no lo hacía como “se debía hacer” lo cual atentaba contra ella.

Aquí podemos ver un ejemplo de lo que nos pasa en el matrimonio, cada uno aprendimos a hacer las cosas de un modo particular de la casa de nuestros padres y parece que cada forma es la única, por lo tanto, es necesario hacerla así, nada más.

“Ellos no entraron el pretorio para no contaminarse y poder así comer la Pascua” (Jn 18, 28) Lo cual indica que están en “orden” porque cumplen la ley a cabalidad.

¿Cuántas veces nosotros estamos tan seguros de nuestro proceder correcto que cargamos la responsabilidad a nuestra pareja si algo no anda bien? 

¡Y tenemos fundamentos! “Así se hace”, “mi mamá dijo que yo estoy bien”, “mi amigo dice que eso pasa”

Luego entra el personaje de Pilato, dice: “Salió entonces Pilato fuera donde ellos y dijo: ¿Qué acusación traen contra este hombre?” (Jn 18, 29)

Si aterrizamos esto a la vivencia en el matrimonio podemos ver que lo que empieza con un desacuerdo se vuelve una acusación. ¿En qué momento?

2) LAS ACUSACIONES EN EL MATRIMONIO

Es necesario que veamos la realidad de nuestra vivencia, porque los desacuerdos siempre están y estarán entre las personas, no solo entre las parejas; pero solo es eso, un desacuerdo.

Pasa a ser una acusación cuando yo creo que tengo la razón y me niego a ver que yo también puedo equivocarme o me cierro al diálogo y si mi esposo(a) me pide que lo arreglemos yo no accedo a buscar la solución.

Esto es muy terrible porque el matrimonio está constituido por la pareja y por Dios que ha hecho la alianza de amor con nosotros.

Cuándo damos el paso a la acusación y no cedemos, ¿Quién sale perdiendo?

En el texto que meditamos, al que juzgan es a Jesús y a quien acusan es a Jesús. Es al amor al que dañamos, al amor al que ofendemos, al amor al que ponemos en medio para salir victoriosos cada uno según nuestro criterio o para “no dar a torcer nuestro brazo”

“Ellos le respondieron: Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado” (Jn 18, 30) 

¿Ven?, la acusación es “hace mal las cosas”. O quizá: “no hace las cosas como yo creo que debería hacerlas”. “Todo lo hace mal”

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3) GENERALIZACIONES

Tendemos a generalizar, no decimos “es que no hizo algo específico como a mí me gustaría o del modo que yo sé hacerlo y por ello entramos en desacuerdo”, sino que decimos “todo lo hace mal”

La tentación siempre rondará en nuestra vida para romper la comunión entre los dos, pero si nosotros aprendemos a diferenciar en estos dos aspectos (acusación y generalización) evitaremos llegar al siguiente, porque también es paso a paso que se fragua la muerte del amor.

“Pilato replicó: Tómenle ustedes y júzguenlo según su ley. Los judíos replicaron: Nosotros no podemos dar muerte a nadie” (Jn 18, 31)

Esto es lo que pasa, del desacuerdo se pasa a la acusación y después a la generalización para finalizar con una intención. 

¿Por qué? Porque entonces ya no estamos abiertos al diálogo y la comunicación, porque ahora en nuestro corazón solo hay enojo. ¿Y qué quiero?

No es que deseemos la muerte, pero sí muere el amor, atento contra lo más sagrado que se nos confió y en este momento ya no estoy dispuesta (o) a cuidarlo y que nada malo le pase, sino que yo misma (o) lo estoy dañando.
Porque es en el corazón o desde el corazón, desde lo más profundo que se toman las decisiones y ojalá fuera desde la objetividad y no desde la emoción.

4) LA CONDENA EN EL MATRIMONIO

Luego que hemos juzgado, o luego que ya el otro miembro del matrimonio ha hecho algo, le condenamos, y a veces pareciera que le condenamos para la eternidad.

¿Cómo que para la eternidad? 

Sí, pues tendemos a recordar los hechos de nuestra pareja, regimos nuestros comportamientos actuales o futuros en función del pasado “es que como aquella vez hiciste esto… dijiste aquello…, no hiciste lo que yo esperaba…”

Tendemos a condenar que el actuar de nuestro esposo(a) se realiza a luz de una condena.

Los judíos dicen: “Nosotros no podemos dar muerte a nadie”, lo cual implica que ya tenían una condena para Jesús.

Si revisamos en el interior de nuestro corazón veremos que a veces, con el paso del tiempo, juzgamos, acusamos, generalizamos y condenamos de manera más rápida, es más, omitimos los primeros pasos, emitimos la condena desde el primer momento de la dificultad o conflicto.

¿De qué forma condenamos nosotros? 

Puede ser que nuestras condenas se hagan cada vez más peligrosas porque ya ni siquiera juzgamos, no escuchamos las partes, juzgando desde la historia, desde los hechos pasados, desde mis heridas, desde mis expectativas, desde mis miedos.

¿Desde dónde juzgo y condeno yo a mi esposo(a)? ¿Cuáles son los criterios que tomo en cuenta para juzgarle? ¿Desde los hechos pasados? ¿Mis ideales? ¿Lo que yo considero correcto? ¿Las normas?

primer paso para amar

¿Quién me ha constituido el juez dentro de mi matrimonio? 

Porque el verdadero amor no juzga, solo ama, escucha, espera, ora, anima, apoya y acepta la diferencia, ya que ésta es riqueza y suma a la convivencia.

Por eso dice Jesús: “Mi Reino no es de este mundo” (Jn 18, 36) Porque este mundo nos enseña a juzgar, enjuiciar y condenar. Pero Él nos muestra que podemos amar y vivir de una manera diferente.

Un modo de amar que no condena, sino que salva. 

Es un amor misericordioso capaz de transformar nuestra realidad, porque nos mira, nos escucha, nos conoce, a cada uno y a la vez a los dos.

Sabe de nuestras heridas, miedos, fracasos, intenciones y así, cuenta con nosotros para vivir la vocación del matrimonio y ser reflejo del mismo amor que recibimos.

No pasa lo mismo en todas las parejas, cada una tiene su historia, su camino, sus luchas, sus triunfos y por ello no hay mejores manos para custodiar este tesoro que Dios mismo.  Por eso es una llamada pasar del juicio al amor.

5) DEL JUICIO DE LOS HOMBRES AL JUICIO DIVINO EN NUESTRO MATRIMONIO.

Es necesario actuar y vivir desde los valores del Reino que menciona Jesús a Pilato, un Reino que no busca cumplir leyes o reglas, sino que busca amar.

¿En qué momento mi esposo(a) estuvo desnudo(a) en sus fragilidades y fui capaz de vestirle? ¿En qué momento fue presa del dolor y sus miedos y fui capaz de atenderle? ¿Cuándo tuvo hambre de comprensión y fui capaz de escucharle? (Cfr. Mt 25, 38-40)
Encontrar a nuestra pareja ha sido un regalo y bendición para nuestra vida, porque nos ha dado la oportunidad de amar y ser amados. Solo así podremos comprender que no caben los juicios en su proceder sino las oportunidades para vivir el Reino.

Ojalá que no llevemos a juicio al amor que se nos ha concedido como un don en nuestro matrimonio.

ORACIÓN:

Querido Jesús, ¡perdóname! Porque muchas veces me niego a verte como el centro, tesoro y fundamento de mi matrimonio y acabo tomando decisiones que atentan directamente contra el amor. Porque juzgo desde mi mirada, mis normas e ideales.

Te pido por la persona que acaba de leer este post, para que te encuentre como el centro de su matrimonio, para que sea tu amor el que viva en ellos.
Enséñanos a ver desde tu mirada, desde la mirada de Dios, a nosotros mismos y a nuestra pareja, para vivir en tu presencia, en el amor. Amén

Recuerda que todos los matrimonios pasamos por momentos de pruebas que podemos superar, pero si sientes que hay algún aspecto que te gustaría tratar más a fondo, visita nuestra sección de Psicólogos Católicos, en donde encontrarás profesionales que te ayuden a vivir estos procesos.

Psicóloga Católica 

Betty Ventura

Ansiedad Psicólogo Católico

Ilustración de Gustavo Lemus @supersantos_gt

PSICÓLOGOS CATÓLICOS.

Recuerda que, si has intentado hacer algún cambio que te ha costado y no lo has logrado, o estás pasando por algún momento de dificultad o de crisis; existen profesionales (Psicólogos Católicos), que pueden acompañarte en el proceso y ayudarte a trabajar en ello.
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