El tramo final del Adviento es una invitación profunda a abrir el corazón con alegría, gratitud y esperanza.
Después de semanas de vigilancia, conversión y preparación interior, llegamos a los días que preceden directamente la Navidad, días marcados por la certeza de que el Mesías está a las puertas.
La liturgia del 22 al 24 de diciembre nos conduce de la mano hacia la Noche Santa, mostrándonos tres cantos que brotan de corazones visitados por Dios: el Magníficat, el Nacimiento de Juan el Bautista y el Benedictus de Zacarías.
Cada uno de estos momentos ilumina un aspecto esencial del Adviento y nos prepara para la llegada del Emmanuel.
Lunes 22 de diciembre — El Magníficat: La alabanza es la puerta de la Navidad
Evangelio: Lc 1, 46-56
Recordatorio: La alabanza es la puerta de la Navidad.
Aplicación: Reconocer las maravillas que Dios hace conmigo.
El canto que brota del corazón de María es uno de los himnos más hermosos de toda la Escritura: el Magníficat.
En él, la Madre del Salvador proclama, desde la humildad, las maravillas del Dios que mira la pequeñez de sus hijos y transforma su historia para siempre.
En este día, la Iglesia nos invita a entrar en la espiritualidad de María: una espiritualidad de alabanza, confianza y gratitud. Quien alaba, reconoce la verdad de Dios en su propia vida.
Quien agradece, permite que el corazón se ensanche para recibir más gracia. Y quien vive en gratitud, entra en la Navidad por la puerta correcta: la de la humildad.
El Adviento se vuelve pleno cuando puedo decir, como María: “El Señor ha hecho cosas grandes en mí”.
Tal vez no todas las circunstancias de tu vida han sido fáciles este año. Tal vez hubo dolores, incertidumbres, pérdidas o cansancio. Sin embargo, incluso ahí, Dios actuó.
El ejercicio espiritual de este día consiste en poner nombre a esas maravillas: los pequeños milagros, las reconciliaciones inesperadas, las oportunidades que surgieron, las personas que te sostuvieron, los detalles de amor que Dios sembró en cada jornada.
Alabar es reconocer la acción de Dios en mi historia. Y cuando lo reconozco, el corazón se dispone a recibir al Niño con auténtica alegría.
Martes 23 de diciembre — El nacimiento de Juan: Cada nacimiento trae misión y esperanza
Evangelio: Lc 1, 57-66
Recordatorio: Cada nacimiento trae misión y esperanza.
Aplicación: Dejar que nazca lo nuevo en mi vida.
El nacimiento de Juan el Bautista marca un punto de inflexión en el relato evangélico. Su llegada no es solo un hecho biológico o familiar; es un acto profético.
Con él, Dios inaugura un tiempo nuevo. La gente se pregunta: “¿Qué llegará a ser este niño?”, entendiendo que Dios está moviéndose con fuerza en la historia.
En esta fecha, la Iglesia te invita a contemplar los “nacimientos” que Dios quiere suscitar en tu vida.
Tal vez se trate de una reconciliación pendiente, de un proyecto que llevas tiempo postergando, de una decisión interior que necesitas tomar, de un hábito bueno que necesita germinar o de una herida que debe comenzar a sanar.
El Adviento es fértil. Nada de lo que Dios siembra queda estéril.
Pero para que algo nuevo nazca, necesito darle espacio. Necesito permitir que Dios abra ventanas donde yo solo veo muros.
Cada “nacimiento” trae consigo una misión: Juan nació para preparar el camino del Señor.
Y tú, en este tiempo, ¿Qué camino estás llamado a preparar? ¿Qué paso necesitas dar para permitir que el Salvador encuentre un corazón listo?
Hoy, pídele a Dios la gracia de dejar nacer lo nuevo, lo bueno, lo santo.
Miércoles 24 de diciembre — El Benedictus: La luz ya llega
Evangelio: Lc 1, 67-79
Recordatorio: La luz ya llega: el Mesías está a las puertas.
Aplicación: Preparar el corazón para recibir al Salvador.
La víspera de Navidad está marcada por otro gran canto: el Benedictus de Zacarías.
Después de meses de silencio, su lengua se suelta y brota un himno que reconoce la fidelidad de Dios a través de la historia. Zacarías contempla el amanecer de un nuevo tiempo: “Nos visitará el sol que nace de lo alto.”
La espiritualidad de este día es una espiritualidad de claridad. Estamos a un paso de que la Luz irradie sobre nuestras sombras.
El Mesías está cerca, muy cerca. La pregunta es: ¿Está mi corazón listo para recibirlo?
La preparación espiritual de estas horas consiste en:
Hacer un breve repaso interior de cómo fue mi Adviento.
Ver qué debo entregar antes de que llegue la Noche Santa.
Abrir de nuevo las zonas oscuras para que entre la luz.
Pedir aquello que más necesito: paz, perdón, consuelo, confianza, fe.
Jesús no viene a un corazón perfecto; viene a uno dispuesto. Uno que se deja iluminar.
Jueves 25 de diciembre — Navidad: Dios se hace Niño
Evangelio: Lc 2, 1-14
Recordatorio: El Verbo se hizo carne para habitar entre nosotros.
Llegamos al día más luminoso de todo el año litúrgico: la Navidad.
Hoy celebramos lo impensable, lo imposible: el Dios eterno se hace Niño, se hace frágil, se hace cercano.
El Todopoderoso elige la pobreza para levantar al mundo desde dentro. El Creador se hace criatura para dignificar la nuestra.
El Verbo eterno se hace carne para hablar el lenguaje de nuestra humanidad.
La Navidad no es un recuerdo: es un acontecimiento actual. Dios entra hoy en tu historia tal como eres y donde estás.
Jesús no viene como juez, sino como don. No viene a exigir, sino a regalarse. No viene a abrumar, sino a acompañar. En el Niño Dios, Dios mismo te dice:
“Estoy contigo. No temas. Vengo a salvarte.”
Que esta Navidad puedas recibirlo con gratitud profunda, con una fe renovada y con la certeza de que Dios camina contigo.
Mensaje final: La espera concluye… Dios entra en nuestra historia
Adviento fue un camino: vigilancia, conversión, apertura, gratitud. Y hoy, ese camino encuentra su meta:
Dios entra en tu historia para transformarla desde dentro. No te pide que cambies primero para luego venir.
- Viene para ayudarte a cambiar.
- Viene para caminar contigo.
- Viene para iluminar todo lo que aún duele.
- Viene para hacer nuevas todas las cosas.
Que esta Navidad sea para ti un renacer. Que tu corazón pueda decir, como María, como Zacarías y como todos los que se dejaron sorprender, que Dios hizo maravillas.








