Introducción
Palpitaciones, opresión en el pecho, sensación de ahogo y un miedo intenso a morir o perder el control. Si has vivido esto, sabes lo aterrador que puede ser un ataque de pánico.
La buena noticia es que no es peligroso y puede manejarse.
En este artículo te compartimos un plan de emergencia de 10 minutos, sencillo y eficaz, que combina herramientas de la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) con recursos de paz interior desde la fe católica.
Es un plan simple para cuando el cuerpo se dispara… y necesitas volver a la calma.
¿Qué es un ataque de pánico y cómo reconocerlo?
Un ataque de pánico es una ola súbita de ansiedad intensa que alcanza su punto máximo en minutos y luego disminuye.
Aunque se siente como una amenaza grave, no pone en peligro la vida. Síntomas frecuentes:
Palpitaciones o taquicardia
Sensación de falta de aire u opresión
Mareo, náuseas, temblores
Sudoración, escalofríos o sofocos
Sensación de irrealidad
Miedo intenso a morir o “volverse loco”
Reconocer que esto es pánico y no una catástrofe real es el primer paso para recuperar el control.
Plan de emergencia de 10 minutos ante un ataque de pánico
1. Reconoce lo que está ocurriendo (min 0–1)
Detente un momento y pon nombre a lo que sientes: “Esto es un ataque de pánico. Es incómodo, pero pasará.”
Nombrar la experiencia reduce la catastrofización y activa una respuesta más racional. Si es tu primer episodio o hay síntomas atípicos, busca atención médica.
2. Respira lento con el abdomen (min 1–4)
La respiración diafragmática ayuda a frenar la hiperventilación. Cómo hacerlo:
- Inhala por la nariz contando 4
- Exhala por la boca contando 6–8
- Lleva el aire al abdomen, no al pecho
- Repite durante 3 minutos
Esto activa el sistema nervioso parasimpático y reduce mareos, opresión y palpitaciones.
3. Grounding sensorial 5-4-3-2-1 (min 4–7)
Ancla tu mente al presente usando los sentidos:
- 5 cosas que ves: Mira a tu alrededor y nombra cinco cosas que puedas ver (por ejemplo: “veo la mesa, la ventana, mis manos, el cuadro en la pared, el teléfono”)
- 4 que tocas: presta atención a cuatro cosas que puedas sentir (por ejemplo: “siento la textura de mis jeans, la silla bajo mis piernas, la brisa en mi cara, mis pies dentro de los zapatos”)
- 3 que escuchas: menciona tres sonidos que puedas oír en este momento (el murmullo del televisor en la habitación contigua, el canto de un pájaro afuera, tu propia respiración).
- 2 que hueles: Concéntrate en dos olores que percibas (el aroma de tu perfume, el olor del jabón en tus manos, o simplemente aire fresco).
- 1 que saboreas: identifica un sabor en tu boca (quizá el resto del café que tomaste, o simplemente saliva).
El grounding corta el ciclo de miedo al sacar la atención de las sensaciones internas.
4. Oración breve o frase de calma (min 7–9)
Repite lentamente:
- “Jesús, en Ti confío”
- “El Señor está conmigo, no temo”
La oración, unida a la respiración lenta, calma la mente y abre el corazón a la paz que viene de Dios.
“La paz de Dios custodiará vuestros corazones” (Flp 4,7).
5. Evalúa y decide (min 9–10)
Pregúntate:
- ¿Los síntomas bajaron?
- ¿Mi respiración es más tranquila?
Si sí, el pico ya pasó.
Si no, busca acompañamiento humano o ayuda médica. Pedir ayuda no es fracaso, es prudencia.
¿Por qué funciona este plan?
- Respiración diafragmática: reduce la hiperventilación y la activación fisiológica.
- Grounding: rompe la hipervigilancia corporal típica del pánico.
- Nombrar el ataque: es una forma de reestructuración cognitiva y exposición interoceptiva.
- Oración: combina enfoque, ritmo respiratorio y esperanza; reduce la reactividad al estrés.
La TCC con exposición es el tratamiento con mayor respaldo científico para el trastorno de pánico.
Más allá de la crisis: prevenir nuevos ataques
- Practica respiración diafragmática a diario
- Ejercicio físico moderado
- Dormir bien y reducir cafeína
- Oración constante y vida sacramental
- Apoyo comunitario y acompañamiento terapéutico
La paz interior se entrena, no aparece por casualidad.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Busca apoyo psicológico o psiquiátrico si:
- Los ataques son frecuentes
- Vives con miedo constante a que regresen
- Has empezado a evitar actividades
- Tu calidad de vida se ha reducido
La terapia no reemplaza la fe; la complementa.
Conclusión
Un ataque de pánico no define quién eres ni tu fe.
Con herramientas adecuadas, acompañamiento profesional y la gracia de Dios, se puede sanar.
“La paz os dejo, mi paz os doy” (Jn 14,27).









