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Duelo infantil y del adolescente. “El dolor que crece con ellos: comprender el duelo temprano”

El duelo en la infancia y la adolescencia no para minimizarlo, en ocasiones pensamos que los niños, no se dan cuenta, o que como son “pequeños” superaran cualquier perdida.

Déjame comentarte que no es así. Es una vivencia profunda que impacta todo su mundo, su cuerpo, su realidad. El juego, el silencio, la conducta y las preguntas que emergen cuando la vida cambia de forma abrupta. Los niños y adolescentes sienten la pérdida con una intensidad que a veces no pueden traducir en palabras, pero que se manifiesta en su manera de mirar, de relacionarse y de estar en el mundo.

Cuando un niño pierde a algo o alguien significativo, su estructura emocional se sacude. No solo enfrenta la ausencia, sino también la ruptura de la seguridad básica. En la adolescencia, el duelo se entrelaza con la construcción de identidad: el joven intenta comprender quién es ahora, como “eso” o “alguien” que le daba sentido, ya no está. Por eso, el acompañamiento en estas etapas requiere presencia, escucha y una enorme delicadeza, incluso un profesional para acompañarle en este proceso de integrar la perdida a su realidad.

El duelo infantil y adolescente necesita adultos que no minimicen, que no apresuren, que no pretendan “corregir” la tristeza.

Necesita espacios donde las emociones puedan expresarse sin juicio, donde el miedo, la ira, la culpa, o la incertidumbre, sean nombrados y donde la esperanza se reconstruya desde la verdad. Acompañar es sostener, no sustituir; es ofrecer herramientas (estrategias de afrontamiento) para que el niño o el joven descubra que su mundo interno puede reorganizarse sin perder la memoria amorosa de lo vivido.

Un niño con un duelo congelado, herido, puede convertirse en un adulto que carga silenciosamente con lo que nunca pudo elaborar. Por eso, intervenir a tiempo es un acto de salud emocional y también de justicia afectiva. Cuando ayudamos a un niño o adolescente a transitar su duelo, estamos sembrando la posibilidad de una vida adulta más libre, consciente y capaz de amar sin miedo.

ORACION:
Señor, mira el corazón de cada niño, de cada joven que hoy enfrentan una ausencia o vacío que no sabe nombrar. Acércate a su fragilidad con tu ternura, sostén sus miedos, ilumina sus preguntas y dale descanso en tu abrazo. Que encuentre en los adultos que lo rodean un reflejo de tu paciencia y tu amor. Sana sus heridas con tu paz, y permite que la memoria de lo vivido se transforme en fuerza para su camino. Amén.

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