El mejor regalo
El amor, en cualquier relación, se nutre de la compañía, el diálogo y el tiempo compartido. En la vida espiritual, esta verdad se intensifica.
No podemos amar a Dios si no dedicamos tiempo a encontrarnos a solas con Él, Aquel que nos ama por encima de todas las cosas.
Los Ejercicios Espirituales en completo retiro son, en este sentido, un espacio sagrado e ideal para esos encuentros íntimos. Recientemente tuve la oportunidad de vivir una experiencia excepcional en el maravilloso Cerro del Copo, junto a la Familia Misionera Verbum Dei.
Fue un regalo que me permitió hacer un profundo silencio interior y me gustaría compartirlo con ustedes.
Mi experiencia se puede sintetizar perfectamente con la historia bíblica del ciego de Jericó, Bartimeo (Mc 10, 46-52). A través de este relato, encontré una profunda conexión con mi propio camino interior y mi vida espiritual.
El grito de fe de Bartimeo: El deseo de un encuentro con Dios
Marcos nos relata que Bartimeo escuchó a la multitud y supo que Jesús se acercaba. Y es que Jesús siempre se mueve entre una multitud de amigos y seguidores, pero también de la Iglesia triunfante, que nos inspira desde el cielo.
Bartimeo, anhelando un encuentro con Dios personal y genuino, comenzó a gritar con insistencia: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”. Este grito me conmovió profundamente. A pesar de que la gente le pedía que se callara, Bartimeo no cedió.
Su fe era tan grande que no solo sabía quién era Jesús, sino que lo reconocía como el Mesías.No buscaba una simple limosna o un favor, sino que le pedía la vista para poder ver a Jesús.
Su deseo era tan profundo que buscaba la plenitud de la vida, un sentido para su existencia, un propósito para caminar.
La llamada de Jesús: Un salto de esperanza y fe
Cuando Jesús le pidió a la multitud: “Llámenlo”, la esperanza de Bartimeo se desbordó. El evangelio nos cuenta que, de tanta fe que lo llenó la llamada del Señor, Bartimeo aventó su manto y se puso de pie de un salto. Piensen en esto por un momento: un ciego saltando con absoluta confianza.
Este acto de fe nos enseña una lección fundamental: el encuentro a solas con Dios renueva nuestra esperanza y nuestra fe de una manera poderosa. Cuando Dios nos llama, lo sabemos, lo sentimos. Y esa certeza nos llena de un gozo y un impulso que nos hace dejar atrás todo lo que nos estorba para poder acercarnos a Él.
Al preguntarle Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?”, Bartimeo respondió con una devoción total: “Rabbuní, que vea”. No solo quería ver, sino que quería verle a Él. Quería ver a su Maestro amado, a su Dios y Señor.
La revolución de la ternura: El legado de los ejercicios espirituales
Durante esos días de Ejercicios Espirituales, el Señor me invitó a vivir lo que el Papa Francisco llama “la revolución de la ternura”. Es a través de la ternura que podemos transformar nuestras vidas en un testimonio de Su amor.
Te invito, querido lector, a seguir a Jesús de cerca, de la mano de nuestra Madre. Que Su ternura se convierta en nuestra revolución personal. Porque el verdadero amor se encuentra en la oración constante y en el retiro espiritual que nos permite tener un diálogo cara a cara con Él.
Si estás buscando un regalo que te llene de paz, esperanza y fe, considera tomarte un tiempo para asistir a unos Ejercicios Espirituales.
Es una inversión en tu vida espiritual que te permitirá reencontrarte con el Amor de los amores y, al igual que Bartimeo, saltar de gozo por la llamada de Dios.









