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El perdón como virtud humana: Reflexiones desde la psicología y la fe

Introducción

Todos en algún momento hemos sido heridos. No existe un corazón intacto, libre de rasguños, que no haya experimentado la ofensa.

Sin embargo, como señaló la Dra. Clara Molinero durante el VI Congreso para Educadores de la Universidad Francisco de Vitoria, la sociedad nos ha enseñado muy poco sobre qué hacer con esas heridas y cómo recorrer el camino del perdón.

El perdón no es simplemente una decisión, ni un gesto superficial de olvido.

Es, en palabras de la psicóloga, una virtud humana que todos poseemos, pero que necesita ejercitarse y educarse para desplegar todo su potencial transformador.

En este artículo exploramos las ideas centrales de su ponencia, así como los beneficios psicológicos y espirituales del perdón, y cómo puede integrarse en la vida personal, familiar y social.

¿Qué es realmente el perdón?

Según la Dra. Clara Molinero, el perdón es la capacidad de devolver al otro el lugar de respeto y aprecio que tenía en nuestro corazón antes de la ofensa.

Esto implica un proceso gradual de transformación de pensamientos, sentimientos y acciones. El perdón:

  • No ocurre en un instante: requiere tiempo, esfuerzo y compromiso.

  • Es un regalo libre: no depende de que el ofensor lo pida o lo merezca.

  • Es distinto a la reconciliación: perdonar no significa necesariamente reanudar la relación ni exponerse de nuevo al daño.

Los tres elementos esenciales del perdón

Para que exista un proceso auténtico de perdón, se necesitan tres ingredientes:

  1. Una ofensa: un acto injusto que nunca debió ocurrir.
  2. Un ofendido: la persona que recibió el daño.
  3. Un ofensor: alguien con libertad y responsabilidad que eligió mal.

Por eso, el perdón no se dirige ni a circunstancias (como desastres naturales) ni a Dios (quien no puede cometer injusticia). 

Estos casos corresponden más bien a procesos de
duelo y aceptación, no de perdón.

Qué no es perdonar

La ponencia también clarificó algunos mitos comunes:

  • No es olvidar ni minimizar lo sucedido.
  • No es justificar al ofensor ni excusar el mal.
  • No es reconciliarse siempre: en ocasiones, la seguridad exige mantener distancia.
  • No es un acto instantáneo: requiere práctica continua.

Beneficios psicológicos del perdón

La investigación científica en psicología positiva y psicología del perdón, en la que el Instituto del Perdón participa activamente, demuestra que perdonar tiene múltiples beneficios:

  • Mejora la autoestima.
  • Reduce la ansiedad y la depresión.
  • Disminuye la ira y el resentimiento.
  • Incrementa la esperanza y el sentido de vida.
  • Favorece la salud física: mejoría en cuadros cardiovasculares y oncológicos.
  • Fomenta virtudes: mayor generosidad, fortaleza y creatividad.

El perdón, en definitiva, nos libera del peso del rencor y abre espacio para el amor y la paz interior.

 

El perdón como habilidad que se aprende

Uno de los aportes más significativos de la Dra. Molinero es insistir en que el perdón no debe quedarse en el ámbito de lo religioso o lo íntimo, sino que puede y debe enseñarse en la educación, en la familia, en la sociedad y hasta en la política.

En el Instituto del Perdón de la Universidad Francisco de Vitoria se han desarrollado programas de entrenamiento en perdón para distintos grupos:

  • Niños de primaria (programas adaptados a su edad).

  • Adolescentes y adultos (12 sesiones con ejercicios prácticos).

  • Personas privadas de libertad (programas en cárceles sobre perdón a otros y perdón a uno mismo).

  • Adultos mayores (procesos de reconciliación interior).

  • Parejas y familias (intervenciones para sanar heridas y fortalecer vínculos).

La propuesta es clara: el perdón es una capacidad entrenable, como un músculo que se fortalece con la práctica.

El perdón en clave cristiana

Aunque la Dra. Molinero subraya que el perdón es una capacidad humana accesible a todos, la tradición cristiana lo ilumina con una profundidad única.

Desde el Evangelio, el perdón no es solo un recurso psicológico, sino un camino espiritual que imita el amor de Dios, quien nos perdona primero.

En este sentido, un psicólogo católico integra ciencia y fe para acompañar procesos de sanación que no solo liberan la mente, sino que también restauran el corazón en la esperanza.

Aplicaciones prácticas del perdón en la vida cotidiana

  • En la familia: ayuda a superar conflictos, evitando que pequeñas heridas se conviertan en muros.
  • En la escuela: educa en valores de respeto, empatía y reconciliación.
  • En el trabajo: fomenta ambientes de colaboración, reduciendo tensiones.
  • En la política y la sociedad: abre caminos de paz en contextos de violencia e injusticia.

Conclusión

El perdón no es una opción secundaria, sino una virtud esencial para la salud psicológica, espiritual y social.

Como recordó la Dra. Clara Molinero, el perdón puede enseñarse, ejercitarse y convertirse en una fuerza transformadora en todas las dimensiones de nuestra vida.

Aprender a perdonar es un acto de valentía y libertad que nos hace más fuertes, más generosos y más felices.

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