El Adviento avanza y, conforme nos acercamos a la Navidad, la Iglesia nos invita a vivir una de las semanas más profundas del camino espiritual: del 15 al 20 de diciembre, días marcados por la fe, la obediencia y la disponibilidad.
No es casualidad que las lecturas de esta semana nos confronten con las decisiones que tomamos, con la coherencia de nuestra vida, con la historia personal que cargamos, con las dudas que nos acompañan y, sobre todo, con el modo en que esperamos al Señor.
Esperar a Dios no es pasividad. Es una actitud vital que compromete la razón, el corazón y la voluntad.
Este tramo del Adviento es un recordatorio de que la espera verdadera se mide en la apertura del alma a la acción de Dios, incluso cuando sus caminos no se entienden del todo.
A continuación, recorremos día por día esta etapa del Adviento para despertar el corazón y disponernos a recibir al Dios que viene.
Lunes 15 de diciembre — La autoridad de Jesús (Mt 21, 23-27)
Recordatorio: Dejar que Cristo tenga autoridad sobre mis decisiones.
Aplicación: Preguntarme: “¿Quién dirige realmente mi vida?”
El Evangelio nos presenta a Jesús enfrentándose a quienes cuestionaban su autoridad.
Más allá de un debate teológico, esta escena pone en evidencia algo esencial: todos obedecemos a alguien.
Puede ser a Dios, a nuestros miedos, a nuestras expectativas, a lo que otros esperan de nosotros o incluso a nuestras heridas.
El Adviento nos invita a revisar el centro desde el que vivimos. ¿Mis decisiones nacen de la fe o de la conveniencia? ¿Busco sinceramente la voluntad de Dios o sólo la confirmación de mis planes?
Dejar que Cristo tenga autoridad no es perder libertad: es recuperarla. Cuando Él ilumina nuestras decisiones, aparece la paz interior, se aclara el camino y se ordenan nuestros afectos.
La obediencia a Cristo no es sumisión; es entrar en la verdad de lo que somos llamados a ser.
Martes 16 de diciembre — La parábola de los dos hijos (Mt 21, 28-32)
Recordatorio: La espera auténtica se nota en las obras.
Aplicación: Pasar del “sí de palabra” al “sí de acción”.
En esta lectura, Jesús señala una de las incoherencias más comunes en la vida espiritual: decir que sí… pero no actuar.
A todos nos ha pasado. Tenemos buenas intenciones, propósitos nobles, deseos sinceros de conversión, pero el corazón se queda en el discurso.
El Adviento no es una temporada para acumular palabras, sino para verificar frutos. ¿Cuántas veces hemos dicho “Señor, sí voy”, y terminamos distraídos, aplazando lo esencial?
La verdadera conversión se nota en los gestos concretos: visitar a alguien solo, reconciliarse, moderar el consumo, ser más dócil en casa, orar con constancia.
El camino hacia la Navidad es un laboratorio práctico de caridad y coherencia.
Miércoles 17 de diciembre — La genealogía de Jesús (Mt 1, 1-17)
Recordatorio: Dios actúa en la historia real, con luces y sombras.
Aplicación: Ver mi propia historia como camino de salvación.
La genealogía de Jesús puede parecer una lista larga y sin emociones, pero encierra un mensaje poderoso: Dios entra en la historia concreta, no en una versión idealizada.
La familia de Jesús tiene santos, pecadores, historias luminosas y episodios dolorosos. Y aun así, a través de todo eso, Dios conduce la salvación.
La Iglesia propone esta lectura para recordarnos que nuestra historia, con heridas, errores y momentos de gracia, también es terreno fértil para Dios.
No necesitas tener una vida perfecta para que Cristo nazca en ti; Él llega justamente donde hay fragilidad.
Mirar la propia vida como un itinerario de salvación nos libera del peso de la culpa y del perfeccionismo espiritual.
El Adviento es un tiempo para agradecer, reconciliarse con la propia historia y descubrir que Dios nunca ha dejado de trabajar en ella.
Jueves 18 de diciembre — El sueño de José (Mt 1, 18-24)
Recordatorio: Esperar incluye confiar incluso sin entender.
Aplicación: “No temas recibir” lo que Dios te regala.
José es uno de los grandes maestros del Adviento. Su silencio no es pasivo; es la madurez de quien ha aprendido a fiarse de Dios incluso cuando no comprende el plan.
A veces Dios irrumpe en nuestros planes con algo inesperado: una responsabilidad nueva, una situación difícil, un llamado a amar de otra manera.
Y, como José, nuestra primera reacción puede ser el miedo o la confusión.
La frase del ángel es clave para esta semana: “No temas recibir”. No temas recibir a esa persona, esa misión, ese cambio, ese aprendizaje.
No temas porque Dios camina contigo, incluso cuando todo parece incierto.
El Adviento es un tiempo para practicar la confianza. No una confianza ingenua, sino una confianza basada en la certeza de que Dios es fiel
Viernes 19 de diciembre — El anuncio a Zacarías (Lc 1, 5-25)
Recordatorio: Dios cumple sus promesas, aunque parezcan tardar.
Aplicación: Paciencia frente a los silencios de Dios.
Zacarías y Elisabet habían esperado durante años. Su anhelo parecía imposible, y el silencio de Dios se hacía pesado. Sin embargo, cuando todo parecía perdido, Dios actuó.
Los silencios de Dios no son abandono; son preparación.
Muchas veces pedimos algo a Dios y no vemos respuesta inmediata, y sentimos que quizá nuestra oración no vale.
Pero la fe se prueba precisamente ahí: cuando no vemos, cuando no entendemos, cuando todo parece retrasado.
Esta lectura nos anima a confiar en los tiempos de Dios. Él no llega tarde; llega cuando su gracia puede dar el fruto más abundante.
El Adviento es una escuela de paciencia activa, donde el alma aprende a esperar sin desesperar.
Sábado 20 de diciembre — La Anunciación (Lc 1, 26-38)
Recordatorio: Culmina la espera: Dios se encarna en la disponibilidad.
Aplicación: Repetir con María: “Hágase en mí”.
Este día, la liturgia vuelve a presentar la Anunciación para llevarnos al centro de nuestra fe: Dios se hace hombre porque una mujer dijo “sí”.
María no entendía todo; no tenía garantías; no tenía respuestas. Pero tenía algo decisivo: un corazón disponible.
La encarnación sucede en quienes, como María, se abren a la voluntad de Dios. El verdadero milagro de Adviento es dejar que Dios tenga un lugar real en nosotros.
Por eso, esta semana culmina con la oración más importante del discípulo: “Hágase en mí según tu palabra”.
Ese hágase es el lugar donde nace la Navidad.
Conclusión: Esperar con fe, obediencia y corazón abierto
Del 15 al 20 de diciembre, la Iglesia nos enseña que la espera cristiana es una respuesta concreta:
- Dejar que Cristo oriente las decisiones.
- Vivir coherentemente, no sólo con palabras.
- Reconocer que Dios actúa en nuestra historia real.
- Confiar incluso sin entender.
- Tener paciencia cuando Dios guarda silencio.
- Abrirse con disponibilidad total, como María.
No se trata simplemente de contar los días para Navidad: se trata de permitir que Dios encuentre en nosotros un corazón dispuesto a acogerlo.









