Reflexión para el Sábado 27 de diciembre – Juan 20, 2-9
El Evangelio de hoy nos presenta una escena profundamente humana y profundamente divina: dos discípulos que corren movidos por el amor y la esperanza.
Pedro y Juan, desconcertados por el anuncio de María Magdalena, se apresuran hacia el sepulcro. No van con certezas; van con preguntas. No van con respuestas; van con amor.
Y es en esa búsqueda donde ocurre el milagro: “vio y creyó” (Jn 20,8). Navidad nos coloca en el mismo camino.
No se trata solo de celebrar el nacimiento de Cristo, sino de volver a buscarlo, de leer los signos, de dejar que Él nos encuentre, y permitir que el Espíritu Santo encienda nuestra fe nuevamente.
1. La fe cristiana no nace de la pasividad, sino de la búsqueda
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que “el deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre” (CEC 27).
Dios no se impone; se deja encontrar por quien lo busca con corazón sincero. Pedro y Juan representan dos modos complementarios de fe:
- Juan, el discípulo amado, corre más rápido porque ama más.
- Pedro, la roca, llega después pero entra primero porque tiene la misión de confirmar en la fe (cf. Lc 22,32).
La fe crece cuando la búsqueda es auténtica, cuando el corazón se mueve, corre, se inquieta, pregunta.
La fe muere cuando nos instalamos en la indiferencia. Navidad es la oportunidad de despertar esa inquietud santa:
¿Dónde está Jesús hoy en mi vida?
¿En qué sepulcros lo estoy buscando?
¿Qué signos me está mostrando que aún no he reconocido?
2. Los signos están allí: Dios habla a través de la realidad
Pedro y Juan “vieron los lienzos en el suelo”, un signo que no grita, no fuerza, pero invita a interpretar.
Dios raramente se impone; sus huellas son delicadas.
San Juan Pablo II decía en Fides et Ratio que la fe exige “leer la realidad con ojos renovados”, viendo en ella la presencia sutil de Dios.
Los signos de Dios pueden ser:
Un gesto de reconciliación
Una palabra que toca el alma
Una Eucaristía que ilumina
Una intuición interior
Un silencio fecundo
Un sufrimiento que se convierte en luz
El Canon 214 recuerda que los fieles tienen derecho a “recibir de los sagrados pastores la ayuda espiritual”, pero también la responsabilidad de discernir la presencia de Dios en los acontecimientos.
Navidad es tiempo de mirar de nuevo:
¿Qué signos estoy pasando por alto?
¿Qué cosas parecen vacías pero están llenas de Dios?
3. El Espíritu Santo guía hacia la fe plena
El Evangelio dice que Juan vio y creyó, pero todavía no habían comprendido las Escrituras. Es decir: la fe nace, pero necesita madurar.
El Espíritu Santo es quien lleva esa primera chispa hasta la plenitud. El Catecismo (CEC 683) afirma que “nadie puede decir ‘Jesús es Señor’ sino por el Espíritu Santo”.
La Navidad no es solo un recuerdo histórico; es una obra del Espíritu, que:
Ilumina la mente
Mueve el corazón
Purifica la intención
Fortalece la voluntad
Revela la presencia del Resucitado incluso en lo oculto
Así como el Espíritu engendró a Cristo en el vientre de María, también quiere engendrar fe viva en el corazón del creyente.
4. La búsqueda sincera convierte la Navidad en encuentro
No basta con celebrar; hay que entrar al sepulcro como Pedro. Hay que mirar con el amor de Juan y escuchar como María Magdalena.
La fe no se vive desde afuera. Se vive desde dentro.
Benedicto XVI enseñó que “la fe no es una idea, es un encuentro con un acontecimiento” (Deus Caritas Est, 1). Ese acontecimiento es Cristo vivo.
La Navidad es verdaderamente Navidad sólo cuando nos dejamos alcanzar por Él, cuando permitimos que su luz interprete nuestra historia.
5. “Ver y creer”: una llamada actual
En un mundo saturado de ruido, distracciones y dudas, la invitación de hoy es simple y profunda:
- Vuelve a buscar.
- Vuelve a ver.
- Vuelve a creer.
La fe no es magia, ni es un sentimiento pasajero. Es un acto libre que nace de una experiencia que toca el corazón.
Los primeros discípulos no creyeron por teorías, sino por signos: un sepulcro vacío, un anuncio, un encuentro.
El corazón que busca es el corazón que encuentra.
6. ¿Cómo vivir esta búsqueda en Navidad?
1. Corre hacia Jesús, aunque tengas dudas
La búsqueda sincera abre la puerta de la fe. No esperes sentir seguridad para acercarte. 2. Lee los signos con ojos espirituales
Dios te habla más de lo que crees. Pide luz para interpretar lo que estás viviendo. 3. Permite que el Espíritu hable en tu interior
La oración silenciosa es tierra fértil. Ahí se activa la fe. 4. Vuelve a la Palabra
La fe crece escuchando y meditando las Escrituras (CEC 104). 5. Déjate sorprender por Dios
Juan creyó por un simple detalle. La fe se enciende en lo pequeño.
Conclusión: Navidad es volver a buscar para volver a creer
La fe nace en un corazón inquieto, abierto, vulnerable, dispuesto a correr aun cuando no comprende del todo.
Así como Pedro y Juan se apresuraron hacia el sepulcro, también nosotros estamos llamados a movernos: buscar, ver, interpretar, creer.
Navidad no es solo un recuerdo tierno. Es un movimiento interior hacia el Dios que se deja encontrar.
Es permitir que la luz del Resucitado renueve nuestra fe, como la primera vez.
La fe nace en el corazón que busca… y Dios siempre sale al encuentro de quien se mueve hacia Él.







