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La Luz anuncia un año de gracia

Jueves 8 de enero – Lc 4, 14-22

El Evangelio de hoy nos presenta uno de los momentos más significativos del inicio público de Jesús: la proclamación en la sinagoga de Nazaret, donde se identifica con las palabras del profeta Isaías:

“El Espíritu del Señor está sobre mí; porque me ha ungido… para anunciar la Buena Nueva a los pobres, para proclamar la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos y un año de gracia del Señor.” (Lc 4,18-19)

Con esta lectura, la Iglesia nos recuerda que la Luz nacida en Belén no es estática, sino una luz que avanza, transforma y se derrama sobre el mundo como gracia.

Jesús, el Ungido que transforma nuestra realidad

La tradición de la Iglesia reconoce en este pasaje la presentación programática de la misión de Cristo:

  • Liberar lo que está atado.
  • Curar lo que está herido.
  • Iluminar lo que permanece ciego.
  • Proclamar un tiempo nuevo.

El Papa Benedicto XVI explicaba que esta escena revela que Jesús es el cumplimiento del Antiguo Testamento, el Ungido esperado, el Mesías que introduce una realidad completamente nueva:

“Cristo trae la verdadera liberación, la única capaz de cambiar el corazón humano”.

La Navidad, por tanto, no es solamente un recuerdo: es la irrupción de la gracia en la historia, una gracia que continúa actuando hoy.

Un “año de gracia”: ¿Qué significa para nosotros?

En la tradición bíblica, el año de gracia evoca el Jubileo: un tiempo en que las deudas se perdonan, los esclavos recuperan la libertad y la tierra descansa.

Jesús declara que este tiempo ya no es simbólico… ha llegado en Él.

Esto significa que:

  • Dios quiere restaurar lo que estaba perdido.
  • Dios ofrece un nuevo comienzo para cada herida.
  • Dios abre un camino de reconciliación, paz y libertad interior.
  • Dios mira a cada persona con misericordia profunda, no con condena.

En palabras del Papa Francisco, la gracia es “la cercanía sorprendente de Dios que se inclina sobre la miseria humana para levantarla”.

La Navidad, por tanto, es la puerta abierta a este año de gracia permanente.

Enriquece tu lectura con:

Sanación integral: la misión que sigue viva

Lucas subraya que Jesús “volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu”. El Espíritu que descendió sobre Él en el Jordán es el mismo que ahora impulsa su misión.

La Iglesia enseña (CEC 1503-1505) que Cristo, al venir al mundo, toma sobre sí nuestras heridas, y que Él mismo es el Médico del alma y del cuerpo.

Por eso, la Navidad no es un simple acontecimiento afectivo: es la manifestación de que la sanación divina ha entrado en nuestra historia.

El Ungido:

  • Cura corazones rotos.

  • Libera de culpas y cadenas internas.

  • Fortalece la esperanza cuando parece apagarse.

¿Qué significa vivir un año de gracia hoy?

Vivir un año de gracia es dejar que la Luz del Señor ilumine todo lo que somos:

1. Abrir el corazón a la misericordia
Nadie está demasiado lejos para ser restaurado.

2. Romper con las cadenas interiores
El miedo, la culpa, el rencor o las heridas emocionales encuentran alivio en Cristo.

3. Acoger la Palabra que ilumina
La gracia crece en los corazones que escuchan con fe.

4. Permitir que Cristo transforme la vida cotidiana
Cada decisión, cada relación y cada pensamiento puede ser tocado por la gracia.

Conclusión: Navidad continúa en nosotros

Jesús declara en Nazaret que su misión es traer luz donde hay oscuridad.

Por eso, la Iglesia proclama que la Navidad no termina con las fiestas: continúa cada vez que dejamos que Cristo haga nuevas todas las cosas (Ap 21,5).<

El año nuevo no comienza solo con deseos, sino con una certeza: Cristo es la gracia que renueva nuestra historia.

Oración final

Señor Jesús, Ungido del Padre, Tú que has venido a anunciar un año de gracia, abre mi corazón para recibir tu luz y tu libertad.

Libérame de aquello que me ata, sana lo que en mí está herido y hazme caminar en la alegría de tu Espíritu.

Que tu Palabra transforme mi vida y me convierta en testigo de tu misericordia. Que este nuevo año sea realmente tuyo, lleno de gracia, paz y renovación.

Amén.

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