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La Luz debe crecer en nosotros

La síntesis más profunda del camino cristiano

En el Evangelio de hoy aparece una de las frases más luminosas y exigentes del discípulo: “Él debe crecer y yo disminuir.” (Jn 3,30)

Con estas palabras, Juan el Bautista revela el corazón de toda vida espiritual y, de manera especial, el sentido más profundo de la Navidad.

Porque si en Belén contemplamos la Luz que llega al mundo, ahora se nos recuerda que esta Luz debe crecer dentro de nosotros: en nuestras decisiones, en nuestras relaciones, en nuestra forma de amar y vivir.

Juan: el amigo del Esposo que sabe su lugar

Juan el Bautista reconoce con libertad y alegría que su misión no es ser el centro, sino señalar al Mesías.

Su grandeza no está en brillar más que otros, sino en apartar su brillo para que Cristo resplandezca.

El Catecismo enseña que Juan es la “voz” que anuncia la Palabra (CEC 719), y que su papel es preparar los corazones para el Señor.

Por eso dice: “El amigo del esposo se alegra cuando oye su voz.” (Jn 3,29)

Juan no compite con Jesús sino que se alegra de que Jesús crezca y así muestra qué significa ser un verdadero discípulo.

La Navidad no termina: empieza a crecer dentro de nosotros

Muchas veces creemos que la Navidad es una temporada que termina.

Pero espiritualmente sucede lo contrario: la Navidad es apenas el comienzo del crecimiento de Cristo en nuestra vida.

La Iglesia enseña que el misterio de la Encarnación continúa transformando al creyente, configurándolo cada vez más con Cristo (cf. CEC 521).

Esto significa que, día a día:

  • Cristo quiere crecer en nuestro interior.

  • Cristo quiere madurar nuestra fe.

  • Cristo quiere iluminar nuestras sombras.

  • Cristo quiere purificar nuestro egoísmo.

  • Cristo quiere ampliar nuestra capacidad de amar.

“Disminuir”: no es auto-desprecio, sino libertad interior

“Disminuir” no significa tener menos valor, sino permitir que nuestro yo desordenado se aparte para dejar espacio al yo renovado por Cristo.

Es disminuir:

  • La autosuficiencia

  • La vanidad

  • El orgullo que impide escuchar

  • Las palabras que no edifican

  • Los apegos que esclavizan

  • Los rencores que nublan el corazón

Y es dejar que crezca en nosotros:

  • La humildad
  • La caridad
  • La paciencia
  • La sinceridad
  • La paz
  • La disponibilidad a la voluntad de Dios

Cristo no nos aplasta: nos libera para crecer con Él.

Enriquece tu lectura con:

Tres ámbitos donde Cristo quiere crecer hoy

1. En nuestro interior
En nuestras emociones, heridas, pensamientos y deseos.

  • Más luz, menos oscuridad.
  • Más verdad, menos mentira.
  • Más confianza, menos miedo.

2. En nuestras relaciones
Donde Cristo crece, crece también la reconciliación, el perdón, la paz y la capacidad de amar con compasión.

3. En nuestra misión
Cada uno tiene un lugar único en el plan de Dios.
Dejar que Cristo crezca es permitir que nuestra vida sea fecunda, no por nuestras fuerzas, sino por su gracia.

 

Juan nos enseña el camino de la humildad luminosa

El testimonio de Juan el Bautista es profundamente católico y profundamente humano: la verdadera grandeza es permitir que Dios sea grande en nosotros.

Ese es el cierre perfecto del tiempo de Navidad: no un final, sino una invitación al crecimiento espiritual, a la madurez, a la transformación diaria.

La luz que nació en Belén quiere ahora iluminar el corazón, el carácter, los gestos y la historia personal de cada creyente.

parábolas de Jesús, sembrador

Conclusión: la Navidad continúa en la vida del discípulo

La frase “Él debe crecer y yo disminuir” se convierte en un programa espiritual para todo el año.

Que Cristo crezca:

  • En nuestros criterios

  • En nuestra mirada

  • En nuestras palabras

  • En nuestras decisiones

  • En nuestra misión

La Navidad ha sembrado la luz. Ahora es tiempo de dejarla crecer.

Oración final

Señor Jesús, Tú que naciste en humildad y creciste en gracia, crece también en mi corazón. Que tu luz ilumine mis pensamientos y tu amor transforme mis acciones.

Enséñame a disminuir en egoísmo para crecer en tu paz y tu humildad. Hazme transparente a tu presencia y dócil a tu voluntad.

Que mi vida sea un espacio para tu luz y que cada día brilles más en mí.
Amén.

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