Miércoles 7 de enero – Mc 6,45-52
El Evangelio nos presenta uno de los gestos más tiernos y potentes de Jesús: camina sobre el agua para acercarse a sus discípulos mientras ellos luchan con el viento en contra.
Ninguna tormenta lo detiene, ninguna distancia lo limita y ningún miedo humano le es ajeno.
La Navidad que acabamos de celebrar nos recuerda esta verdad luminosa:
Dios no se quedó lejano. Se acercó. Entró en nuestras tormentas. Y sigue viniendo hoy.
1. “Él vio que remaban con fatiga”: Dios ve lo que otros no ven
El texto dice que Jesús “viéndolos fatigados de remar” se acercó a ellos (Mc 6,48).
Ellos estaban solos en la barca, pero no estaban fuera de Su mirada.
En psicología espiritual hablamos del ojo afectivo: ser vistos, reconocidos y acompañados emocionalmente. La mirada de Jesús es esa mirada perfecta:
No juzga.
No minimiza tu cansancio.
No te exige negar lo que sientes.
Te mira con compasión.
Dios no ignora tu tormenta interior. La ve antes que nadie.
2. Jesús camina sobre el agua: el Señor domina aquello que a ti te supera
El agua, símbolo del caos y del miedo en la Biblia (cf. Sal 69,2; Mt 14,26), es el escenario que Jesús pisa con seguridad.
Lo que amenaza a los discípulos está bajo Sus pies. Aquí está la clave espiritual del pasaje: Jesús camina sobre todo aquello que a ti te angustia.
El futuro incierto
Los problemas familiares
La ansiedad o la tristeza
Las heridas pasadas
El miedo a fracasar
El cansancio emocional
No promete quitar la tormenta inmediatamente… Pero sí promete caminar hacia ti en medio de ella.
3. “¡Ánimo, soy yo, no teman!”: la Navidad es la cercanía que da paz
Estas palabras son el corazón del Evangelio.
“Ánimo” Jesús no ofrece optimismo superficial. Ofrece coraje sostenido por Su presencia.
“Soy yo” En griego, ego eimi, la misma expresión con la que Dios se presenta a Moisés.
Es como si Jesús dijera: No temas, Yo Soy el Dios que está contigo.
“No teman” No una orden, sino una invitación amorosa.
El miedo no desaparece por voluntad, sino por presencia.
Y esta es la gran verdad navideña: No estamos solos en las tormentas. Dios está aquí.
4. El corazón agitado: miedo, trauma y fe
La Iglesia enseña que el miedo es una emoción humana, no un pecado (Catecismo 1762–1767). El problema no es sentir miedo, sino dejar que nos paralice y nos aleje de Dios.
Muchos de nuestros temores:
Provienen de heridas afectivas
Recuerdos dolorosos
Experiencias de abandono
Ansiedad acumulada
La fe no los niega: los ilumina.
La Navidad nos regala exactamente eso: un Dios que entra en nuestra historia emocional.
San Juan Pablo II lo explica así: “Cristo revela plenamente el hombre al propio hombre” (RH 10).
Es decir, sólo con Él entendemos lo que sentimos y cómo vivirlo.
5. ¿Por qué los discípulos no reconocieron a Jesús?
El texto dice que “estaban muy asustados” (Mc 6,50).
Cuando el corazón se agita, la percepción se nubla. Esto es profundamente humano.
El miedo:
- Distorsiona la realidad
- Exagera amenazas
- Reduce nuestra capacidad de ver a Dios actuando.
Por eso Jesús no se ofende: los calma.
En la vida espiritual ocurre igual: cuando estamos bajo tormenta interna, muchas veces no vemos al Señor.
Pero Él llega, aunque no lo reconozcas al principio.
6. Al subir a la barca, el viento se calmó
No fue la habilidad de los discípulos ni fue su esfuerzo al remar, sino la presencia de Jesús.
Esta es una enseñanza profunda para la vida emocional: Muchos de tus miedos no se resuelven luchando más, sino dejando entrar a Jesús en la barca.
Él no se queda en la orilla gritando consejos: sube contigo.
7. Lecciones para nuestra vida: ¿cómo dejar que la Luz disipe el miedo?
1) Nombra tu tormenta
Como enseña el Catecismo, reconocer las emociones es parte de la vida moral (CEC 1764).
No te escondas de lo que sientes.
2) Déjale un espacio a Jesús
Haz una breve oración cada vez que el miedo te visite:
“Señor, sube a mi barca. Quédate conmigo.”
3) Busca apoyo humano
La fe no excluye la ayuda psicológica.
Dios obra también a través de profesionales que te acompañan.
4) Recuerda: Él ve antes de que tú le llames
La tormenta no lo sorprende.
Él ya está en camino hacia ti.
Conclusión: Jesús trae paz incluso cuando el corazón está agitado
La Navidad no termina en diciembre.
La Navidad es Jesús viniendo en medio de tus miedos hoy: caminando hacia ti, mirándote con ternura, diciendo tu nombre, calmando tu viento, y recordándote que no estás solo.
Su Luz sigue disipando tus miedos. Déjala entrar.
Oración final
Señor Jesús, Tú que caminas sobre las aguas y te acercas a mí cuando el viento es fuerte, entra hoy en mi barca y calma mis tormentas interiores.
Toma mis miedos, mis dudas y aquello que no sé cómo resolver. Haz brillar tu Luz en mis pensamientos y en mi corazón.
Que tu presencia venza mi ansiedad, tu voz serena mis emociones y tu paz me acompañe en cada paso.
Jesús, no permitas que me hunda: sostenme, fortaléceme y enséñame a confiar.
Tú eres mi calma en la noche y mi seguridad en la tempestad. Quédate conmigo.
Amén.









