Reflexión para el 6 de enero. Lectura: Mc 6,34-44
En el corazón del tiempo de Navidad, el Evangelio nos presenta a Jesús rodeado de multitudes hambrientas. No solo de pan, sino de sentido, dirección y consuelo.
El Niño de Belén, que contemplamos humilde en el pesebre, aparece ahora como el Pastor que enseña, el Maestro que guía y el Dios que alimenta.
La multiplicación de los panes es más que un milagro: es un signo mesiánico que revela el modo en que Dios mira, ama y actúa.
1. La mirada de Jesús: compasión que nace de un corazón pastoral
“Jesús vio a una multitud y se compadeció, porque eran como ovejas sin pastor” (Mc 6,34).
Compasión no es lástima
En el Evangelio, “compadecerse” significa sentir desde lo más profundo, desde las entrañas (cf. splagjnízomai).
La compasión de Cristo implica:
Presencia
Ternura
Atención
Acompañamiento
Decisión de actuar
El Catecismo afirma que “la compasión de Cristo hacia los hombres no conoce límites” (CEC 604).
La Navidad es precisamente esto: Dios que ve la necesidad humana y se acerca para sanar y alimentar.
2. Enseña antes de alimentar: la Palabra sostiene el alma
El texto dice: “Se puso a enseñarles largamente” (Mc 6,34). La primera forma de alimento es la Palabra.
Jesús no improvisa pan sin antes dar luz, orientar, purificar y guiar el corazón.
La Iglesia enseña que la Palabra de Dios “es alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual” (Dei Verbum 21).
En Navidad recordamos que la Palabra eterna se hizo carne (Jn 1,14) para hablarnos de manera humana, cercana, accesible.
3. La colaboración humana: Dios multiplica lo que ponemos en sus manos
Los discípulos miran la situación y solo ven escasez: “¿Vamos a comprar pan para darles de comer?”
Pero Jesús les dice: “Denles ustedes de comer” (Mc 6,37).
Luego les pregunta: “¿Cuántos panes tienen?” Dios nunca nos pide lo que no tenemos, pero sí nos pide entregar lo poco que tenemos:
– Cinco panes, dos pescados.
– Poca fuerza, fe imperfecta, tiempo limitado.
– Una historia herida, cansada, pequeña.
El milagro ocurre cuando lo poco se vuelve don, y el don se vuelve abundancia.
El Catecismo explica que Dios “quiere la cooperación libre del hombre” (CEC 1847). Lo que ofrecemos, Cristo lo multiplica.
4. Jesús alimenta el cuerpo y el corazón
En este signo vemos un anticipo claro de la Eucaristía: Jesús toma, bendice, parte y da.
Acciones que reaparecen en la Última Cena (cf. Mc 14,22) y que la Iglesia reconoce como el corazón del misterio eucarístico (CEC 1329-1330).
La Navidad conduce a la Eucaristía: el que nació en Belén —casa del pan— es el Pan vivo bajado del cielo (Jn 6,51).
5. La luz que acompaña las necesidades humanas
Este Evangelio responde a nuestras fragilidades: Para el que se siente perdido: Jesús enseña.
Para el que se siente solo: Jesús acompaña.
Para el que siente hambre interior: Jesús alimenta.
Para el que teme no tener suficiente: Jesús multiplica.
Para el que vive en escasez espiritual: Jesús transforma lo poco en plenitud.
La Luz de la Navidad no solo ilumina: sostiene y sacia.
6. ¿Qué nos invita a hacer hoy este Evangelio?
Ver con compasión, como Jesús.
Escuchar su Palabra, antes de buscar soluciones rápidas.
Entregar lo poco que tenemos, sin miedo a la escasez.
Confiar en que Él puede multiplicar nuestras fuerzas.
Compartir lo recibido, porque la luz crece cuando se reparte.
Acercarnos a la Eucaristía, donde Cristo mismo nos alimenta.
Oración
Jesús, Buen Pastor, que miras mi vida con compasión, toma lo poco que tengo y multiplica en mí tu amor.
Sacia mi corazón con tu Palabra y hazme instrumento de consuelo y alimento para quienes más necesitan tu luz.
Amén.









