Reflexión para el 5 de enero. Lectura: Mt 4,12-25
A punto de concluir el tiempo de Navidad, el Evangelio nos lleva al inicio de la misión pública de Jesús.
Lo que comenzó en silencio en Belén, ahora se despliega en palabras, llamados y acciones.
La Luz que contemplábamos en el pesebre se pone en movimiento, entrando en la historia con fuerza transformadora.
Mateo nos presenta tres verbos clave que describen la identidad del Mesías: llama, reúne y sana.
1. La Luz que llama: “Síganme”
Jesús inicia su predicación en Galilea, una región marginada, cumpliendo la profecía:
“El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz” (Mt 4,16).
Y lo primero que hace la Luz es llamar.
Encuentra a Simón, Andrés, Santiago y Juan en su vida cotidiana, y les pronuncia una palabra que transforma toda su existencia: “Síganme” (Mt 4,19).
El Catecismo enseña que el llamado de Cristo es “una adhesión total de mente y corazón” (CEC 552).
No es una invitación superficial, sino un vínculo personal, que pide dejar atrás lo viejo para comenzar una vida nueva.
En Navidad contemplamos a un Niño, pero ese Niño es el Maestro que hoy nos mira y nos llama también a nosotros.
La Luz llama a: Cambiar de rumbo
Abandonar lo que nos ata
Entrar en una misión
Vivir con propósito
Confiar más allá de las propias fuerzas
Los discípulos responden “al instante” (Mt 4,20). La luz verdadera no admite demoras.
2. La Luz que reúne: nace un nuevo pueblo
Jesús no llama discípulos aislados, sino que forma una comunidad. La Iglesia nace aquí, en esta primera llamada, como pueblo convocado por la Palabra.
Según Lumen Gentium, la Iglesia es “el pueblo reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (LG 4).
Jesús: Reúne a los dispersos
Convoca a los cansados
Integra a los marginados
Une a quienes estaban lejos
Crea vínculos que nacen de Dios
La Navidad nos recuerda que ser cristiano no es caminar solos: es vivir en comunidad, en un nosotros, acompañados por la misma Luz.
3. La Luz que sana: Dios toca la fragilidad humana
El Evangelio subraya que Jesús “curaba toda enfermedad y dolencia en el pueblo” (Mt 4,23).
La Luz no solo ilumina: restaura, toca, libera.
La misión de Cristo incluye siempre el cuidado integral:
– Del cuerpo
– De la mente
– Del corazón
– Del espíritu
El Catecismo enseña que Jesús “se compadece de nuestras debilidades y asume nuestras miserias para curarlas” (CEC 1421).
La Navidad no es solo contemplación dulce: es la irrupción sanadora del amor de Dios en la vulnerabilidad humana.
¿Qué sana Jesús hoy? Heridas emocionales
Rupturas familiares
Culpa acumulada
Enfermedades del espíritu
Miedos y soledades
Esclavitudes interiores
Donde hay oscuridad, Él lleva luz.
Donde hay fractura, Él une.
Donde nadie puede entrar, Él entra.
4. La Luz en movimiento: el paso de Belén a Galilea
El Niño que vimos en el pesebre ya no está inmóvil: crece, actúa, predica.
La Encarnación no es estática: es un dinamismo que transforma todo lo que toca. Así también la fe cristiana es movimiento:
– Salir de las tinieblas
– Caminar hacia la luz
– Dejarse guiar
– Entrar en la misión
– Permitir que Jesús sane
Navidad inaugura un camino que continúa durante todo el año.
5. ¿Qué nos pide hoy este Evangelio?
Escuchar la voz de Jesús: reconocer cómo nos llama hoy.
Responder con prontitud: no retrasar la conversión.
Vivir en comunidad: dejar que la Iglesia sea hogar, no costumbre.
Dejar que Jesús sane áreas heridas: abrir el corazón con confianza.
Ser portadores de la Luz: en nuestra familia, trabajo y entorno.
Oración
Señor Jesús, Luz que llama, reúne y sana, abre mis oídos para escuchar tu voz, mi corazón para seguirte, y mi vida para caminar en tu luz.
Sana mis heridas y haz de mí un instrumento de tu paz.
Amén.









