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Septiembre, mes de la prevención del suicidio

El suicidio ocupa el primer lugar de muerte natural en jóvenes.

La OMS reconoce que el suicidio es una prioridad para la salud pública. En 2014 se publicó el primer informe mundial de la OMS sobre esta cuestión, titulado «Prevención del suicidio: un imperativo global», 
Solo estarás mejor si te dejas ayudar, sanación interior, no saber gestionar lo que pasa, no puedes sola, necesitas ayuda.

Cada estadística, cada número esconde una persona, una familia, un hogar o centro educativo.

Cada septiembre, el Mes de la Prevención del Suicidio nos recuerda una verdad que a veces olvidamos: hablar salva vidas. El suicidio no es un acto repentino ni un signo de debilidad; es la expresión extrema de un sufrimiento que, muchas veces, pasó inadvertido o fue silenciado por miedo, vergüenza o estigma.

Este mes invita a mirar de frente ese dolor, sin juicio y con responsabilidad. Nos recuerda que todas las personas —familias, escuelas, comunidades, profesionales de la salud y espacios laborales— tenemos un papel en la construcción de entornos donde pedir ayuda sea seguro y posible.

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La prevención comienza con gestos simples: escuchar sin minimizar, preguntar sin temor, acompañar sin presionar. Continúa con la creación de protocolos claros, la formación de adultos de referencia y la articulación entre instituciones que trabajan por la salud mental. Y se fortalece cuando entendemos que la vida se sostiene mejor cuando se sostiene en comunidad.

Septiembre no es solo un mes para recordar el riesgo; es un mes para promover la esperanza, la conexión y la dignidad humana. Hablar del suicidio es hablar de la vida, de la importancia de cuidarnos unos a otros y de la certeza de que nadie debería enfrentar su dolor en soledad.

Este mes nos invita a construir comunidades donde nadie tenga que enfrentar su dolor en soledad. Donde la fraternidad no sea un concepto, sino un gesto concreto: una palabra amable, una presencia serena, una escucha que sostiene. También nos llama a unir esfuerzos entre familias, escuelas, profesionales y comunidades de fe, para que la prevención sea una tarea compartida, humilde y constante.

La esperanza cristiana, católica no niega el sufrimiento; lo abraza y lo transforma. Septiembre es, entonces, un tiempo para recordar que toda vida merece ser acompañada, que cada persona es un milagro, y que la luz puede volver a encenderse cuando alguien se acerca con amor y dice: “Hermano, hermana, estoy contigo.” 
«La prevención del suicidio no es solo una tarea de expertos, sino un acto urgente de amor y comunidad: nadie debería enfrentar su dolor en soledad.»

ORACION :
«Señor, dale paz y consuelo a quienes hoy transitan este doloroso camino, y llena de sabiduría y amor a sus familias para que sean el refugio y la luz que necesitan.» AMEN. 

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