A lo largo de la vida, todos los seres humanos atravesamos por diferentes tipos de pérdidas que, aunque en diversa forma e intensidad, van dejando huellas que transforman nuestra conducta, cambian nuestra manera de relacionarnos y de habitar el mundo.
El duelo no es un evento aislado: es un proceso que toca múltiples dimensiones de nuestra existencia y nos invita, una y otra vez, a reconstruirnos desde dentro, aplicar estrategias de afrontamiento que nos harán más resilientes.
Tipos de pérdidas:
Relacionales: cuando el mundo afectivo se mueve
Perder a un familiar, un amigo o un compañero es perder un pedazo de nuestra historia compartida. Estas ausencias reconfiguran nuestros vínculos, nos obligan a redefinir roles y nos confrontan con la fragilidad del amor, la presencia incluso nuestra propia trascendencia. Cada relación que se rompe o se transforma nos enseña algo sobre la pertenencia y la soledad.

A lo largo de la vida, todos los seres humanos atravesamos por diferentes tipos de pérdidas que, aunque en diversa forma e intensidad, van dejando huellas que transforman nuestra conducta, cambian nuestra manera de relacionarnos y de habitar el mundo.
El duelo no es un evento aislado: es un proceso que toca múltiples dimensiones de nuestra existencia y nos invita, una y otra vez, a reconstruirnos desde dentro, aplicar estrategias de afrontamiento que nos harán más resilientes.
Tipos de pérdidas:
Relacionales: cuando el mundo afectivo se mueve
Perder a un familiar, un amigo o un compañero es perder un pedazo de nuestra historia compartida. Estas ausencias reconfiguran nuestros vínculos, nos obligan a redefinir roles y nos confrontan con la fragilidad del amor, la presencia incluso nuestra propia trascendencia. Cada relación que se rompe o se transforma nos enseña algo sobre la pertenencia y la soledad.
Seguridad: cuando la protección se fractura
La pérdida de seguridad —física, emocional, económica— abre grietas profundas. Una amenaza, un robo, un accidente, una crisis. De pronto el mundo deja de sentirse confiable. Recuperar la sensación de protección es un proceso lento, que requiere sostén, tiempo y nuevas certezas.
De sí mismo: el cuerpo que cambia, la salud que se altera
Enfermar, perder movilidad, perder una parte del cuerpo o una capacidad sensorial es enfrentar una ruptura íntima. Es duelo por uno mismo. Por la versión que fuimos y que ya no está. Esta dimensión toca la identidad en su núcleo y exige una profunda reconciliación con la vulnerabilidad.
Cada pérdida, en cualquiera de estas dimensiones, nos invita a un acto de valentía: reconocer lo que ya no está y abrir espacio para lo que puede nacer. El duelo no es solo despedida; es también una forma de volver a encontrarnos con nosotros mismos.
«Cuando eras joven, te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos y otro te ceñirá» Jn 21,18
“No temas, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu madre? ”
Oración
“Señor, acompáñanos en el arte de educar con amor, paciencia y sabiduría. Que podamos ver en cada adolescente una semilla de vida, esperanza y propósito, y ser para ellos luz en su camino de crecimiento.
«Toda pérdida nos despoja de una versión de nosotros mismos, pero también nos abre el espacio para volver a nacer.

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