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¿Estás pasando por un duelo en la Navidad?

¡La Navidad está próxima a llegar! pero, ¿Duelo en la Navidad?

En Navidad las calles empiezan a engalanarse, a llenarse de luces, de adornos, de colores y alegría, la gente va y viene, hace frio…contrastan el bullicio exterior y el vacío existencial.

La Navidad es por excelencia la época del año de paz y felicidad, de reunirse en familia para celebrar. ¿Pero que celebramos? ¿A quién celebramos? ¿Cómo celebramos?

Hemos dejado que el materialismo, el hedonismo y la frivolidad cambien el verdadero sentido de la Navidad.

Celebrar la venida del Emmanuel, del Dios hecho hombre.

Contemplar el Belén, con humildad, ahí está Dios, que quiere darme un mensaje de amor.

Quizá mi corazón este atribulado, puedo sentirme devastado, triste, perturbado, sin embargo, el niño Dios viene a renovar en mí, la Fe, la esperanza, y el amor.

Para algunas personas pueden ser momentos del año dolorosos; evaluamos lo vivido en el año, particularmente se hacen manifiestas las perdidas. Las personas, cosas que ya no están, los anhelos, propósitos y proyectos no concluidos.

Todo lo que tenemos a nuestro alrededor invita a divertirse, a celebrar, a compartir la alegría, y sin embargo para quienes enfocan su mirada en la pérdida, existe un vacío existencial, que solo Dios puede llenar.

¿Qué emociones existen?

Estas fiestas suponen un gran reto para quienes experimentan el síndrome estacional.

Sienten mucha tristeza por esa pérdida y también tienen sentimientos de culpabilidad. Esto se potencia, la nostalgia llega a límites que no sabíamos que existían.

La añoranza, el concientizar que alguien no estará más ocupando una silla, contando sus anécdotas o quizás arreglando esas luces del árbol, parece que se abre un hueco en el pecho.

Este ambiente de fiesta contrasta con la tristeza que se siente y el dolor que se sufre. 

Y esto es lo esperado, es normal hacer este recuento de los daños, que quizá sean muchos, heridas que habrá que sanar.

Y que solo haciéndonos niños podremos sanar, y desde el adulto consiente y con la iluminación del niño Dios que vino a este mundo a redimirnos a sanarnos.

La vida no es estática, “la vida no es fácil pero es bella”. No es lineal, tiene altos y bajos, incluye retrocesos y recaídas, el dolor y la pérdida son imposibles de evitar, hablando y confiando en Dios, en profesionales de la salud emocional.

O con personas que formen parte de nuestros recursos externos, se puede evitar que el duelo se atore, y esto previene de un daño permanente.

Lo más importante es estar “atentos” (Is 28, 23.26) y “haced lo que él os diga” (Jn 2,5; ponernos en movimiento, no paralizarse ante la adversidad y el dolor.

El Dr. Montoya nos sugiere para el óptimo y sano manejo del proceso de duelo:

PENSAR POCO (en todo lo sucedido, específicamente en aquello que nos causa conflicto o para lo que aún no tenemos respuesta).

SENTIR MUCHO (no reprimir los sentimientos ni negarlos, hay que reconocerlos, aceptarlos y expresarlos). 

MOVERSE SIEMPRE (es de gran beneficio tener una actividad física como caminar o practicar ejercicio constante y movernos emocionalmente hacia adelante sin estancarnos durante el duelo).

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Manejo de las emociones

Para manejarlas de manera adecuada es importante: 

  • Identificarlas. Reconocerlas y tomar conciencia de los propios estados de ánimo, dándoles nombre. 
  • Aceptarlas sin juicios ni connotaciones morales. No hay emociones buenas ni malas, son simplemente estados de ánimo. La utilización de las emociones (de estas) es la que puede ser buena o mala. 
  • Integrarlas. Ponerlas en contacto con otros recursos de nuestra persona como pueden ser sentimientos más duraderos como el amor, la razón, la voluntad o el mundo de los valores, así equilibramos nuestro comportamiento. 
  • Expresarlas de forma apropiada. Comunicar el estado de ánimo que el comportamiento ajeno nos ha provocado (“cuando tú gritas, yo me siento…”). Comunicar las emociones a una tercera persona, escribirlas, orar, hacer ejercicio o a través de actividades artísticas. 

Lo importante es liberarse de estados de ánimo que pudieran resultar dañinos para nosotros y los demás.

Cuando la emoción se reprime por situaciones internas (mecanismos de defensa, valoración moral, -bueno o malo-), hay repercusiones físicas, psicológicas y espirituales que “atoran” el duelo y nos hacen daño.

Por el contrario, cuando nos permitimos reconocer y expresar lo que estamos sintiendo, el proceso de duelo sigue su curso, elaboramos y podemos alcanzar la integración de la muerte (o pérdida) de nuestro ser querido o de lo perdido

“Sigue a tu corazón, pero lleva contigo a tu cerebro. La casi imposible armonía entre la emoción y la razón” – Alfred Adler.

¿Cómo enfrentar el duelo en esta Navidad?

Para ello te dejo algunas estrategias de afrontamiento:

  • Confía en Dios
  • Hoy sé gentil contigo mismo
  • Confía en que estarás bien
  • Permítete sentir, deja que salgan tus emociones no importa sí es irá, enojo, tristeza o frustración, alegría, empatía, etc.
  • Déjate acompañar y querer por quienes te aman
  • Si lo crees oportuno realiza una reunión previa a las festividades para hablar de lo que harán, de cómo se sienten a la víspera de la Navidad, de esta forma se puede reducir un poco la sensación de tristeza, y cuando llegue el día el tema estará más suavizado y ya no se encontrarán ante un tema tabú 
  • En muchas ocasiones se evita tocar temas #dificiles” porque duele hablar de ello, pero es beneficioso sanar heridas, sobre todo en estas fechas
  • Realiza actividades físicas, cuida tu alimentación y sueño
  • Si no estas bien no lo quieras ocultar por que será peor
  • Disfruta todo aquello que si tienes
  • Reconoce tus logros y avances, tus nuevos aprendizajes 
  • No es obligatorio celebrar la Navidad. Es importante que, si decides pasar esta fecha en soledad cuentes con un amigo o familiar con el que puedas hablar o pueda acudir a tu casa en caso de que lo necesites, lo cual es perfectamente normal y está bien
  • Realiza una oración agradeciendo a Dios por todas tus experiencias buenas y malas, abundancia y carencia, dolor y gozo
  • Déjale un regalo al niño Jesús, ofrécele quizá tu dolor, tu pena y tu nostalgia

Oración:

Que el Señor, que hace nuevas todas las cosas, renueve tu corazón, llenándolo de armonía y paz en está Navidad y que el año nuevo traiga muchos anhelos de una vida mejor muy cerca de los Sagrados Corazónes de Jesús y María madre de Dios y madre nuestra.

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Victoria Mijares

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