¿Mi matrimonio santo? ¡Bendita tarea!🧡

Matrimonio santo. 

Familia Santa. ¡Sí! Estamos llamados a la santidad, en el matrimonio y como familia.

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

En la solemnidad de todos los santos la Iglesia nos invita a tomar conciencia de la realidad espiritual que nos rodea.
¿Cómo se imaginan ustedes esta gran fiesta? Cuando vamos a una nos encontramos con familia y amigos, con quienes platicamos, recordamos, convivimos, comemos, etc.
Pues bien, si vemos desde la fe, podemos encontrarnos en familia, porque es la familia de Dios que se reúne en torno a su mesa para celebrar la particularidad de los dones recibidos en la llamada personal a ser testigos de su amor.
El Papa Francisco dirá respecto a esta llamada:
Para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad, porque «esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1 Ts 4,3). Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio. (GE 19)

TENER UN MATRIMONIO SANTO.

¿Qué otra cosa podría ser la santidad, sino la fidelidad a la llamada que cada santo ha recibido de parte de Dios? 

Por eso vemos que San Francisco de Asís vive su llamada de una forma diferente a San Ignacio de Loyola y Madre Teresa de Calcuta, por mencionar a algunos.
Distintas personas, distintos contextos, distintas épocas, pero un mismo amor a Dios y una misma llamada a participar de ese amor y a hacer partícipes a muchos de él.
Y la santidad no es algo que pase de moda, porque siempre se necesitan personas que manifiesten el rostro de Dios en el mundo actual.
Así vemos a Carlo Acutis como un joven que desde su contexto vive esa llamada y muestra al mundo cómo es vivir el evangelio.
Y esta llamada la sigue haciendo Dios a todo aquel que se acerca a escucharle en su Palabra.
A cada uno nos da una misión para vivir. ¿Tú sabes cuál es la misión que Dios te ha dado? Porque esta llamada a la santidad no es solo para personas solteras o religiosos consagrados, también es para matrimonios, porque:

Un matrimonio santo, “el llamado a la santidad que el Señor hace a cada uno de nosotros, ese llamado que te dirige también a ti: «Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 11,45; cf. 1 P 1,16). El Concilio Vaticano II lo destacó con fuerza: «Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre»” (GE 10)
A nosotros nos hace una llamada a vivir la santidad y a formar en santidad.

Louis Martin y Zélie Guérin, matrimonio santo

NUESTRA MISIÓN: SER UN MATRIMONIO SANTO Y FORMAR EN SANTIDAD

Dentro de las bendiciones que recibimos con la vocación al matrimonio está, entre muchas, la de ser padres.
¿Verdad que es una experiencia única, hermosa y caótica? Requiere aprendizaje continuo porque nadie sabe cómo hacerlo y con cada hijo es una experiencia distinta.
La vivencia que cada uno tenemos cuando nos convertimos en padres es emocionante y llena de retos. Personalmente tengo que decir que mis hijos me han enseñado el amor gratuito y generoso, que no espera nada y que da simplemente porque ama.
Solo así entiendo el amor de Dios Padre y su donación constante, misericordiosa y generosa para con cada uno de sus hijos.
¿Cuál es tu experiencia de ser padre o madre? Porque quizá sea por allí la llamada a vivir la santidad y en santidad que recibes de Dios.

DESDE LA ORACIÓN

“…la santidad está hecha de una apertura habitual a la trascendencia, que se expresa en la oración y en la adoración. El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios.” (GE147)
En la llamada a ser un matrimonio santo, primero es enseñarles a orar… ¿Cómo lo hacemos? Para empezar, orando por ellos.
Cuando nosotros oramos por nuestros hijos, ¿qué pedimos? Quizá humanamente hablando pedimos salud y bienestar, y desde la fe, ¿qué podemos pedir para ellos?
Jesús dice que si pedimos, el Padre nos dará ¡al Espíritu Santo! Entonces pedir al Espíritu Santo para nuestros hijos no es solo pedir la sabiduría para guiarlos y educarlos como hijos de Dios sino pedir “lo bueno, lo agradable, lo perfecto”. (Cfr. Rm 12, 2)

ELEGIDOS PARA SER SANTOS

¿Cuál es el sueño de Dios para ellos? San Pablo dirá: “Bendito sea Dios… que nos ha elegido con toda clase de bendiciones… nos ha elegido para ser santos, en su presencia, en el amor” (Ef 1, 3-4)
Es decir, es una elección para la santidad y nos invita a nosotros, como padres, a hacerla realidad.
¿Se han preguntado por qué nos dio el Padre a nuestros hijos? Si yo reviso mis antecedentes, me veo como “incompleta” para una misión tan importante, la buena noticia es que no depende solo de mí, sino de mi apertura para dejarme guiar y llevarlos conmigo hacia donde el Espíritu nos conduzca.
El amor del que participamos es el amor misericordioso del Padre.
Ahora bien, nos los confía para cuidarlos, vestirlos, alimentarlos, y mostrarles nuestro amor; pero también para formarlos. ¿Y cómo hacemos eso? Esa es la misión que se nos ha encomendado en el llamado a ser un matrimonio santo.

A EJEMPLO DE MARÍA

Y al hablar de esto, no puedo dejar de pensar en nuestra Madre la Virgen, en cómo ella educó y formó a Jesús. Cuántas veces Él la habrá visto orar, cuántas otras la habrá visto hacer el bien, y cuántas más la habrá observado cómo cumplía los mandamientos, principalmente el del amor a Dios y al prójimo.
Porque los hijos se parecen a sus padres y por ello es nuestra misión vivir lo que les invitaremos a ellos a reproducir.
Cuando hablamos de esto parece que es algo muy difícil de vivir, pero la verdad es que se trata de vivir “lo ordinario” de una manera “extraordinaria” y encontrar cada situación como una oportunidad para vivirla.

corazón matrimonio, matrimonio santo, resurrección

LA SANTIDAD DE LA PUERTA DE A LADO

El Papa Francisco nos dice:
“Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios” (GE 7)
En la predicación de Jesús vemos que sus ejemplos son de situaciones cotidianas que Él vivía, había visto y pasado por allí.

¿Es posible ser un matrimonio santo?

¿Cómo proponer esta vida de santidad a quienes viven con nosotros? 

Viviendo cada situación del día desde la mirada de la fe y encontrando en cada momento una oportunidad para amar.
Si somos conscientes de esto veremos que cada día, cuando vamos a trabajar, cuando vamos a bañar a los niños o les damos de comer, cuando les escuchamos y dejamos de hacer lo que estamos haciendo con tal de ponerles atención son todos momentos en los que podemos vivir esta llamada a la santidad, porque cuando somos padres, nuestra misión es educar a nuestros hijos.

CUANTO HICIERON A UNO MÁS PEQUEÑO…, A MÍ ME LO HICIERON

Imaginemos cuando sea nuestro momento de encontrarnos cara a cara con Dios al final de nuestra vida y que él nos diga estas palabras:

“Vengan, benditos de mi Padre, reciban la herencia del Reino preparada para ustedes desde la creación del mundo” (Mt 25, 34)

Son palabras de amor, de ternura, de alegría dichas por el mismo Dios que ojalá escuchemos de su parte para nosotros.

“¡Benditos de mi Padre!” Que el Padre dice bien de ti, que está feliz contigo y por ti, porque realizaste la misión que te encomendó con tu vida, con tu matrimonio, con los hijos que te confió.

Muestra de santidad según el Papa es criar con amor a los hijos y por lo tanto educarles para que vivan como hijos de Dios.

Luego de decir esas palabras de alegría y bienvenida, Jesús les explica el porqué de ellas.

Seguro que esas personas no sabían por qué se las decía y es que muchas veces pasamos sin advertir todos los intentos y entregas de amor, pero Dios no, por eso les dice:

“Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; era forastero, y me acogieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a verme” (Mt 25, 35-36)

¿De qué se trata entonces? De ver a los demás como a un hermano.
La sociedad y el mundo en el que vivimos nos enseña a ver a los demás como a rivales, como a contrincantes, como a obstáculos para alcanzar los propios objetivos…

tú santo, matrimonio santo

LA SANTIDAD DE LA PUERTA DE AL LADO

El Papa Francisco nos dice:

Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios” (GE 7)
En la predicación de Jesús vemos que sus ejemplos son de situaciones cotidianas que Él vivía, había visto y pasado por allí.
Entonces, ¿cómo proponer esta vida de santidad a quienes viven con nosotros?
Viviendo cada situación del día desde la mirada de la fe y encontrando en cada momento una oportunidad para amar.
Si somos conscientes de esto veremos que cada día, cuando vamos a trabajar, cuando vamos a bañar a los niños o les damos de comer, cuando les escuchamos y dejamos de hacer lo que estamos haciendo con tal de ponerles atención son todos momentos en los que podemos vivir esta llamada a la santidad, porque cuando somos padres, nuestra misión es educar a nuestros hijos.

CUANTO HICIERON A UNO MÁS PEQUEÑO…, A MÍ ME LO HICIERON

Imaginemos cuando sea nuestro momento de encontrarnos cara a cara con Dios al final de nuestra vida y que él nos diga estas palabras:
“Vengan, benditos de mi Padre, reciban la herencia del Reino preparada para ustedes desde la creación del mundo” (Mt 25, 34)

Son palabras de amor, de ternura, de alegría dichas por el mismo Dios que ojalá escuchemos de su parte para nosotros.

“¡Benditos de mi Padre!” Que el Padre dice bien de ti, que está feliz contigo y por ti, porque realizaste la misión que te encomendó con tu vida, con tu matrimonio, con los hijos que te confió.

Muestra de santidad según el Papa es criar con amor a los hijos y por lo tanto educarles para que vivan como hijos de Dios.

Luego de decir esas palabras de alegría y bienvenida, Jesús les explica el porqué de ellas.

Seguro que esas personas no sabían por qué se las decía y es que muchas veces pasamos sin advertir todos los intentos y entregas de amor, pero Dios no, por eso les dice:

“Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; era forastero, y me acogieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a verme” (Mt 25, 35-36)

¿De qué se trata entonces? De ver a los demás como a un hermano.

La sociedad y el mundo en el que vivimos nos enseña a ver a los demás como a rivales, como a contrincantes, como a obstáculos para alcanzar los propios objetivos… El llamado a ser un matrimonio santo.

corazón conquistado, matrimonio santo

Nuestra capacidad de amar.

Dios Padre los mira como a hijos, con amor, y con dignidad y respeto; como a personas con capacidad de amar y de ser amados; del mismo modo que nos mira a nosotros y que nosotros como padres vemos a nuestros hijos.

Ver y tratar a los demás como a hermanos significa que quizá necesiten que les alimentemos, que les demos de beber, que tengamos un detalle con ellos. O también que les perdonemos, que les visitemos, que les escuchemos.

La oración.

La oración de Jesús lo llevó a ver, tratar y amar a los demás como a hermanos, por eso en el evangelio lo vemos alimentando, acogiendo, escuchando, sanando, perdonando…

Si nuestra misión como matrimonio santo, se trata de encaminar a nuestros hijos a la santidad por esa llamada que hemos recibido, entonces nuestra oración y nuestra vida ha de ir acorde a este amor fraterno.

Cada santo que conocemos ha tomado un aspecto de este amor fraterno y lo ha puesto en práctica en su vida.

Así, los hay cuidando enfermos, educando niños, acogiendo inmigrantes… todos amando como hermanos y tratando a los demás como a sus hermanos.

Por tal razón, iniciaba diciendo que es la fiesta de encontrarnos en la familia de Dios y celebrando su amor entregado por nosotros.

Que podamos unirnos a esta multitud de santos y celebrar con ellos la puesta en práctica del amor fraterno. Santa María nos acompañe en este camino y nos enseñe a acompañar a nuestros hijos hacia la vivencia de esta llamada a ser matrimonio santo.


Oración

Muchas gracias querido Padre, por habernos elegido para compartir este proyecto de santidad contigo y porque nos confías la formación de nuestros hijos en la santidad.
Gracias también a ti Jesús, porque nos enseñas el camino a seguir para la realización de esta llamada.
Gracias Espíritu Santo, por acompañarnos y guiarnos en este camino y porque nos inspiras a amar a todas las personas como a nuestros hermanos.
Ponemos en tus manos Madre nuestra vida de matrimonios y la vida de nuestros hijos para que tú nos cubras e intercedas por nosotros para vivir la santidad como tú, guardando todo en el corazón y disponiéndonos con un “hágase en mí, según tu Palabra”.
Dios te salve María, llena eres de gracia. El señor es contigo, bendita eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

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