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La Iglesia en camino: los obispos de México se reúnen en la 119ª Asamblea Plenaria de la CEM

Una semana de oración, discernimiento y esperanza por el futuro del país

Del 10 al 14 de noviembre de 2025, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) celebró su 119ª Asamblea Plenaria, un encuentro que reunió a más de 120 obispos, arzobispos y representantes de la vida consagrada de todo el país.

En un clima de comunión y escucha, los pastores se congregaron en la sede de la CEM para orar juntos, analizar los desafíos que enfrenta México y discernir caminos pastorales a la luz del Evangelio.

Esta asamblea, como cada una de las que celebra la CEM dos veces al año, no es simplemente un acto administrativo.

Es una expresión viva de la colegialidad episcopal, un espacio donde los obispos —unidos a Cristo y en comunión con el Papa Francisco— se preguntan cómo servir mejor al pueblo de Dios en medio de las complejas realidades del país.

La 119ª Asamblea estuvo marcada por un tono de esperanza y compromiso, pero también de realismo evangélico ante los retos sociales, culturales y espirituales que atraviesa México.

Entre los principales temas tratados destacaron:

  • El análisis de la violencia que azota a diversas regiones del país.

  • La situación de los migrantes y el papel de la Iglesia como casa de acogida.

  • La reflexión sobre los nuevos desafíos de la evangelización en un México herido, pero profundamente creyente.

  • El estudio del documento final del Sínodo de la Sinodalidad y su aplicación en la realidad nacional.

  • Y, de manera transversal, el llamado a caminar juntos como Iglesia, en comunión, participación y misión.

Una asamblea marcada por la oración y el discernimiento

Cada Asamblea Plenaria de la CEM inicia y concluye con la Eucaristía. Los obispos oran juntos, piden la guía del Espíritu Santo y ofrecen al Señor los frutos de su discernimiento.

Durante esta 119ª edición, el lema que resonó entre los participantes fue claro: “México necesita testigos de esperanza”.

En las jornadas de trabajo se combinaron momentos de reflexión teológica, informes pastorales, diálogo abierto y escucha mutua.

No se trata sólo de debatir o planear, sino de buscar juntos la voluntad de Dios para la Iglesia y la nación mexicana.

La oración estuvo especialmente dirigida a:

  • Las víctimas de la violencia y sus familias.
  • Los migrantes que atraviesan el país en busca de seguridad y sustento.
  • Los sacerdotes y agentes pastorales que sirven en contextos de peligro.
  • Los jóvenes que buscan sentido y futuro.
  • Y, por supuesto, al Papa Francisco, cuya cercanía espiritual con México fue recordada con gratitud, aun cuando —según se comentó— no habrá por ahora una visita papal al país.

En este contexto, los obispos insistieron en que la Iglesia no puede permanecer indiferente ante el dolor del pueblo, sino que está llamada a ser “una madre que acompaña, que sana heridas y que sale al encuentro”.

Analizar la realidad del país desde la mirada de la fe

Uno de los momentos centrales de la asamblea fue el análisis de la realidad nacional.

Los obispos escucharon diversos informes y testimonios sobre la situación de inseguridad, los desplazamientos internos, las crisis familiares y la creciente cultura del descarte que afecta a los más pobres.

Desde esa lectura creyente de la historia, se reafirmó que la Iglesia tiene una palabra profética que ofrecer: no se trata de política partidista ni de ideología, sino de defender la dignidad de toda persona humana, creada a imagen de Dios.

Los pastores expresaron su preocupación por:

  • La normalización de la violencia y la indiferencia ante el dolor ajeno.
  • La fractura del tejido social y la pérdida del sentido de comunidad.
  • La migración forzada de miles de personas que cruzan el país en condiciones inhumanas.
  • El debilitamiento de la familia y la crisis de valores en la educación y los medios.
  • La falta de oportunidades para los jóvenes y el riesgo de su captación por grupos delictivos.

En respuesta, los obispos insistieron en la necesidad de una conversión pastoral profunda, que renueve la presencia de la Iglesia en los lugares donde más se sufre.

Se habló de fortalecer las pastorales sociales, familiares, juveniles y de movilidad humana, así como de acompañar desde la oración, la escucha y la acción concreta.

El Evangelio, recordaron, “no se predica sólo con palabras, sino con obras que encarnan la caridad de Cristo”.

Evangelizar en tiempos de crisis: una Iglesia que sale al encuentro

Otro eje temático importante fue la evangelización en contextos de crisis.

Los obispos reflexionaron sobre cómo anunciar a Cristo en una sociedad herida por la violencia, el relativismo y el desencanto.

Se subrayó que la Nueva Evangelización en México no puede limitarse a la transmisión de contenidos doctrinales, sino que debe generar procesos de encuentro, cercanía y acompañamiento.

Evangelizar es salir, escuchar, comprender y ofrecer una palabra de esperanza que transforme la vida.

En este sentido, los obispos propusieron:

  • Reavivar la pastoral de la escucha, creando espacios donde las personas puedan expresar su dolor y su búsqueda.
  • Fortalecer la formación de agentes laicos que acompañen procesos comunitarios en zonas de conflicto o vulnerabilidad.
  • Potenciar la pastoral juvenil y vocacional, ante el vacío de sentido que afecta a muchos jóvenes.
  • Impulsar la catequesis y la comunicación digital evangelizadora, aprovechando los nuevos lenguajes culturales.
  • Promover la paz desde el Evangelio, formando comunidades reconciliadas que sean testimonio de perdón y unidad.

El llamado del Papa Francisco a una Iglesia “en salida” resonó con fuerza. Los obispos recordaron que México es tierra de fe profunda, pero también de grandes heridas.

Por eso urge una Iglesia que no se encierre en los templos, sino que salga a las calles, acompañe las periferias y abrace las heridas del pueblo.

Psicólogos católicos 10
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El camino sinodal: comunión, participación y misión

La Asamblea también dedicó un espacio especial a la recepción del documento final del Sínodo de la Sinodalidad.

Los obispos estudiaron cómo integrar sus orientaciones a la vida pastoral mexicana.

Caminar en sinodalidad, subrayaron, significa escuchar a todos: obispos, sacerdotes, consagrados, laicos, jóvenes, ancianos y familias.

Significa abrir espacios donde cada bautizado se sienta parte activa de la misión de la Iglesia. Entre las propuestas concretas que surgieron:

  • Promover en cada diócesis asambleas diocesanas de escucha y discernimiento comunitario.

  • Incluir a los laicos y mujeres en procesos de consulta y planificación pastoral.

  • Fortalecer la transparencia en las estructuras eclesiales y el acompañamiento a las víctimas de abuso.

  • Favorecer una espiritualidad de comunión basada en la oración compartida, el perdón y el servicio.

Los obispos coincidieron en que el futuro de la Iglesia en México será sinodal o no será.

La sinodalidad no es una moda, sino una llamada a volver a la raíz del Evangelio: caminar juntos como hermanos.

 

Una palabra de esperanza ante la ausencia del Papa

Durante la asamblea, surgió también el tema de la esperada visita del Papa Francisco a México, que por el momento no se realizará.

Lejos de ser motivo de desaliento, los obispos manifestaron su cercanía y comunión filial con el Santo Padre, renovando su compromiso de vivir y servir en unidad con él.

Recordaron que la presencia del Papa en la oración, los mensajes y el magisterio cotidiano sigue siendo una fuente de aliento para los fieles mexicanos.

En ese espíritu, renovaron su fidelidad a la Iglesia universal y su deseo de mantener vivo el testimonio de comunión con el Sucesor de Pedro.

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La Iglesia unida en oración por sus pastores

Toda la comunidad católica de México está llamada a acompañar esta Asamblea Plenaria con la oración por los obispos y por los frutos de su trabajo.

La misión de los pastores es exigente: implica discernir, corregir, consolar, denunciar y animar a millones de fieles que buscan en la Iglesia un faro de esperanza.

Orar por los obispos es orar por la unidad y la fidelidad de toda la Iglesia. Es pedir para ellos fortaleza ante la adversidad, claridad para guiar en medio de la confusión, y valentía para anunciar la verdad con caridad.

Cada fiel puede ofrecer su oración diaria, su Rosario o su Eucaristía por los frutos de esta Asamblea.

Las comunidades parroquiales pueden organizar momentos de adoración eucarística o vigilias por la Iglesia en México. La intercesión del pueblo de Dios sostiene espiritualmente a sus pastores.

Esperanza, unidad y misión: frutos esperados de la 119ª Asamblea Plenaria

Al concluir la asamblea, los obispos mexicanos reafirmaron su compromiso de servir con esperanza y cercanía al pueblo de Dios.

Los frutos que se esperan de este encuentro no se miden en documentos, sino en conversiones personales, en comunidades más vivas, y en una Iglesia más cercana a los que sufren.

Entre los frutos esperados destacan:

  1. Nuevos planes pastorales diocesanos que respondan a las realidades locales de violencia, pobreza y migración.

  2. Redes de colaboración entre diócesis para atender a las personas desplazadas, migrantes y víctimas.

  3. Procesos de formación integral para agentes pastorales, especialmente en temas de reconciliación, paz y acompañamiento espiritual.

  4. Una renovación espiritual del clero, centrada en la oración, la humildad y el servicio.

  5. Mayor comunión eclesial, donde la voz de cada creyente encuentre eco en la vida de la Iglesia.

Conclusión: una Iglesia que no se rinde

La 119ª Asamblea Plenaria de la CEM ha sido un signo de esperanza.

En medio de un México convulsionado por la violencia, la injusticia y el cansancio social, la Iglesia levanta la mirada y reafirma su misión: ser signo del amor de Dios que no abandona a su pueblo.

Los obispos, unidos en oración, han recordado que Cristo es la verdadera paz y que la evangelización pasa por el compromiso de sanar las heridas del corazón humano.

La Iglesia en México camina entre sombras, pero no deja de ser luz del mundo y sal de la tierra.

Acompañada por la Virgen de Guadalupe —Madre y Reina de nuestra nación—, sigue creyendo que la gracia puede transformar lo imposible, y que la esperanza, sostenida por la fe, es más fuerte que cualquier oscuridad.

“El Señor nos llama a ser pastores con olor a oveja, pastores que no se cansan de amar, servir y levantar a su pueblo”, recordaron los obispos al cerrar la asamblea.

Que esta reunión de nuestros pastores renueve también el compromiso de cada católico de orar, servir y trabajar por un México reconciliado y lleno de esperanza.

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