Mi parto un viernes santo

La ilusión de tener a mi hija en mis brazos era muy grande, pero también mi temor, pues se trataba de mi segundo bebé.

Yo sabía la magnitud de los dolores en el trabajo de parto; así que, volver a vivirlos, era contrastante para mí.

Además de los dolores; venían a mi mente angustias, preocupaciones deseando que todo saliera bien, sin complicaciones.

Le pedía a Dios que tuviera misericordia de mí, que me concediera vivir para poder criar a mis dos pequeños, entre otras.

Los momentos previos a dar a luz son decisivos para una madre, pues pasan muchos pensamientos por nuestra cabeza. El miedo es real y es bueno identificarlo, 

Es necesario hacer un alto para preguntarte ¿Cómo te sientes?, ¿Qué es lo que necesitas? 

Recuerdo haber llorado con mi esposo y confesarle mis temores. Él me abrazó, me recordó que era una mujer fuerte, valiente, una mujer de fe. Sus palabras fueron “estamos en las mejores manos, las de nuestro Padre, todos estaremos bien”.

Jueves Santo

Coincidieron las fechas. Todo apuntaba a que daría a luz el Viernes Santo. Mi corazón tenía un anhelo profundo de acompañar a Jesús en estos días Santos. 

Esa noche entré en un diálogo sincero, cálido, profundo con Él. Me decidí entonces a orar desde la cita bíblica de: La oración en el huerto de Getsemaní (Marcos 14, 32-52).

Imaginé la escena estando yo junto a Él. Medité sobre su sentir y el mío. Ambos platicamos acerca de lo que estábamos por vivir, del temor que sentíamos y del dolor que sentiríamos en esta entrega para dar vida.

Sin duda no había comparación entre Su dolor y sufrimiento con el mío; sin embargo, me sentí abrazada, consolada, muy acompañada por Él.

Entendí que toda entrega por amor, da vida en abundancia. Así que, en ese momento, recordé la frase de la Madre Teresa “Ama hasta que duela”, pues el amor trasciende generaciones. 

Experimenté un gran consuelo al estar en las manos del Padre.

Entendí que pasara lo que pasara, tal como lo dijo Jesús: “Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre”. Juan 16, 28.

Con una confianza plena, total en lo que fuera su voluntad, repetí confiadamente con Jesús “No se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” Lucas 22, 42 

Viernes Santo

Llegado el día, inicié el trabajo de parto. 

Desde las primeras contracciones me tomé de la mano de Jesús y mamá María. 

Su cercanía era casi palpable. Aunque había personas a mi alrededor, ese momento era Sagrado, sólo nuestro y de mi pequeña. Allí estaban ellos dos, tomándome de la mano.

Recordándome que “No hay amor más grande que dar la vida”. Juan 15, 13 Que dar vida.

En los momentos de intenso dolor, donde parecía ser insoportable, pensaba en ellos y los abrazaba. 

Unirme a su dolor y ofrecerlo.

Me permitió estar tranquila, relajada, concentrada en el trabajo de parto, siendo consciente del milagro que ocurría en mi cuerpo y de la capacidad para soportar el dolor.

Dios nos da a las madres la fortaleza para soportar, la sabiduría para confiar en el milagro que mientras se alista nuestro cuerpo para dar a luz.

Nació mi pequeña. Gracias a Dios, todo bien, sin complicaciones. La tomé en mis brazos y no hubo más dolor.

Esta experiencia me lleva a cuestionarme:

¿Qué hay detrás de la confianza y el abandono de Jesús hacia la voluntad del Padre?

Entendía que la respuesta es el amor. Él se siente profundamente amado por el padre, sabe que los actos de amor, trascienden generaciones.

Ese amor incondicional, infinito, que sólo en Dios (fuente de amor) somos capaces de dar. 

“La vida que se entrega, engendra vida”.

Hoy Jesús quiere agradecerte tu entrega por amor. En cada momento que te implica cansancio, dolor, sacrificio, en todo aquello que te cuesta y te hace salir de ti. ¡Gracias!

Pues estoy segura que hayas tenido parto o cesárea, has sentido miedos, sufrido dolores de parto y has sido valiente optando por el amor, entregándote en tu día a día en lo que más te cuesta, para dar vida.

Jesús te acompañada, está a tu lado cargando la cruz por amor. Es Él, quien te recuerda el motivo de tu entrega.

“Te pido que elijas la vida” (Deuteronomio 30, 15) te recuerda hoy. ¿Lo tomas de la mano y juntos cargan juntos la cruz con y por amor?

Oración.

Papá Dios, te doy gracias porque sólo Tú y tu amor incondicional nos llevan a dar vida. Te pido por todas las mamás que están a punto de dar a luz, que están viviendo dolores de parto. 

No sólo por aquellas que su hijo está por nacer, sino también por quienes padecen alguna enfermedad. 

Te pido padre bueno, que tu amor sea su sostén, su fortaleza en este camino de cruz. Que encuentren en tu abrazo el consuelo y la fortaleza que les aliente a amar en su entrega diaria. Amén.

Valeria Sandoval

Propósitos católicos, Virgen de Guadalupe

PSICÓLOGOS CATÓLICOS.

Recuerda que, si has intentado hacer algún cambio que te ha costado y no lo has logrado, o estás pasando por algún momento de dificultad o de crisis; existen profesionales (Psicólogos Católicos), que pueden acompañarte en el proceso y ayudarte a trabajar en ello.
Un Psicólogo Católico es un profesional de la Psicología, con un enfoque científico, fundamentado en la antropología cristiana-católica.

Psicólogo Católico.
Terapia de pareja.
Terapia familiar.
Terapia individual.

Red de Psicólogos Católicos / Cathodemia

¿te gusto este post?

parto

Deja un comentario

Table of Contents

Entérate de todo

Sé parte de nuestra gran familia digital Católica

Artículos relacionados

familia-feliz
Matrimonios Jóvenes
10 PUNTOS PARA VIVIR…

No esperes que la enfermedad o la muerte te hagan vivir. Te

Ayúdanos

Calificando este post

Busca la pestaña roja en la pantalla ;)