Introducción
Si te preguntas qué decir a alguien con depresión, ya estás haciendo algo valioso: no quieres soltar “frases automáticas”, sino acompañar de verdad.
En depresión y ansiedad, muchas palabras “bien intencionadas” terminan sonando a presión, comparación o regaño.
Y eso puede aumentar la soledad, que es uno de los dolores más frecuentes en estas experiencias.
Este post te da 8 frases típicas que suelen herir sin querer y, sobre todo, qué decir mejor: respuestas simples, humanas y realistas, para que tu cercanía sea un apoyo y no una carga.
Antes de hablar ¿por qué las palabras importan cuando hay ansiedad o depresión?
La evidencia científica suele estudiar el apoyo social (no frases sueltas). Aun así, el lenguaje cotidiano importa porque es una de las formas principales en que una persona percibe apoyo o rechazo.
Evidencia empírica: una revisión sistemática con meta-análisis encontró una asociación consistente entre distintas formas de apoyo social y menor depresión (con variaciones por edad y tipo de apoyo), aunque advierte límites importantes (muchos estudios son transversales y puede haber causalidad inversa).
Inferencia clínica: frases que invalidan o presionan pueden debilitar la percepción de apoyo, mientras que frases que validan y acompañan pueden fortalecerla.
Reflexión pastoral: acompañar es una obra de caridad concreta: escuchar, sostener y caminar con el otro, sin reemplazar a Dios… ni a un profesional cuando hace falta
8 frases bien intencionadas que pueden invalidar ¿y qué decir mejor?
1) “Échale ganas / Anímate”
A veces nace del deseo de levantar al otro. Pero en depresión, “anímate” puede sentirse como: “si sigues así es porque no quieres”. En ansiedad, puede sonar a “tu miedo es capricho”.
Qué decir mejor: “Te creo. Esto se siente pesado. No tienes que ‘poder’ con todo hoy. Estoy aquí contigo. ¿Qué sería un paso pequeño y posible para este momento?”
Esto no promete soluciones mágicas. Ofrece presencia y reduce la presión.
2) “No es para tanto”
Esta frase suele buscar “poner perspectiva”. El problema es que, cuando alguien está deprimido o ansioso, su sistema emocional está saturado: minimizar puede aumentar la vergüenza y el silencio.
Qué decir mejor: “Para ti sí está siendo mucho. Gracias por decírmelo. ¿Quieres que te escuche sin intentar arreglarlo todavía?”
Si la persona se siente escuchada, es más probable que se abra y pida ayuda.
3) “Tienes que ser fuerte”
Es una frase con “tono heroico”, pero puede volverse una carga: como si mostrar dolor fuera una falla. La fortaleza real no es “no sentir”, sino sostenerse con ayuda cuando no se puede solo.
Qué decir mejor: “Ser fuerte también es pedir apoyo. ¿Qué necesitas de mí hoy: compañía, ayuda práctica o que te acompañe a buscar a alguien profesional?”
Aquí transformas “fuerza” en algo concreto y humano.
4) “Piensa positivo” / “Todo está en tu mente”
En ansiedad, “todo está en tu mente” puede sonar a burla. En depresión, “piensa positivo” puede sentirse imposible y aumentar la culpa: “ni esto hago bien”.
Qué decir mejor: “No tienes que forzarte a estar bien. Podemos sostener esto juntos. ¿Qué pensamiento te está pegando más fuerte ahora? Si quieres, lo miramos con calma.”
Ojo: no estás haciendo terapia; estás ofreciendo un espacio seguro para nombrar lo que pasa.
5) “Otros están peor”
Comparar el dolor casi nunca consuela. Puede cerrar la conversación: la persona aprende que su sufrimiento “no merece” ser escuchado.
Qué decir mejor: “Tu dolor importa, aunque otros también sufran. No necesito compararte con nadie para tomar en serio lo que estás viviendo.”
Esto devuelve la dignidad: la persona no es un “caso”, es alguien amado y valioso.
6) “Eso es falta de fe” / “Reza más y ya”
Aquí hay que ser muy finos. La oración es un tesoro, sí. Pero convertirla en regaño o receta puede herir, y además confunde planos: la depresión no se reduce a un “pecado de tristeza”.
La fe no elimina automáticamente el sufrimiento psíquico.
Qué decir mejor: “Si te sirve, podemos rezar juntos. Y también podemos buscar ayuda profesional; cuidar la salud es parte de nuestra responsabilidad. No estás fallando por necesitar apoyo.”
Esta respuesta se apoya en una convicción católica: Cristo tiene compasión real por quien sufre y la Iglesia acompaña con cuidado y oración.
Y también recuerda que la salud es un bien precioso confiado por Dios, que debemos cuidar con sensatez.
7) “Ya supéralo” / “No le des vueltas”
En ansiedad, “no le des vueltas” ignora que muchas preocupaciones son intrusivas y persistentes. En depresión, “supéralo” puede sonar a expulsión: “no tengo paciencia para tu dolor”.
Qué decir mejor: “Entiendo que esto regresa una y otra vez. ¿Te ayudaría que hagamos algo simple ahora: dar un paseo corto, comer algo, respirar conmigo un minuto, o solo estar aquí?”
Esto baja la intensidad sin negar el problema. Y propone acciones mínimas, posibles.
8) “Tú siempre…” / “Otra vez estás igual”
Cuando etiquetamos (“siempre”, “nunca”), la persona deja de sentirse vista y empieza a sentirse juzgada.
En depresión, eso puede reforzar la desesperanza. En ansiedad, refuerza el miedo al rechazo.
Qué decir mejor: “Hoy te noto más cargado/a. No quiero juzgarte. Quiero entender: ¿qué ha sido lo más difícil últimamente?”
Pasas de etiqueta a curiosidad compasiva. Y la curiosidad abre puertas.
Evidencia científica sobre apoyo social y depresión
Estudio (revisión sistemática con meta-análisis)
Gariépy, G., Honkaniemi, H., & Quesnel-Vallée, A. (2016). Social support and protection from depression: systematic review of current findings in Western countries. The British Journal of Psychiatry, 209(4), 284–293. doi: 10.1192/bjp.bp.115.169094.
Qué encontró
La revisión identificó evidencia ampliamente consistente de asociación entre apoyo social y protección frente a depresión a lo largo de etapas de vida, con diferencias según fuente (padres en infancia/adolescencia; pareja y familia en adultez) y con heterogeneidad en cómo se midió el apoyo.
Por qué esto es relevante
- Evidencia: el apoyo (especialmente el emocional) aparece asociado a mejores resultados en depresión.
- Inferencia clínica: cuando tu lenguaje valida, escucha y sostiene, aumentas la probabilidad de que la persona se perciba acompañada (una dimensión clave del apoyo).
- Cuidado intelectual: el propio estudio advierte límites de causalidad (posible causalidad inversa) y por eso no afirmamos que “una frase cura” o “una frase causa” depresión.
A la luz de la fe: acompañar con caridad y verdad
Hay una forma de acompañar que la Iglesia propone como profundamente humana: la cultura del encuentro, donde escuchar no es perder tiempo, sino amar.
En Fratelli Tutti, el Papa Francisco describe el valor de la escucha como gesto esencial de humanidad: “sentarse a escuchar a otro” como estilo receptivo de encuentro. (FT, 48).<
Y en Evangelii Gaudium recuerda que el acompañamiento exige paciencia, porque la inmediatez “provoca vértigo” y no ayuda a los procesos reales de crecimiento. (EG, 169).
Reflexión pastoral: acompañar a alguien con ansiedad o depresión es practicar una caridad con los pies en la tierra: escuchar, sostener, ayudar a buscar recursos, y rezar sin usar a Dios como “atajo” para evitar el dolor del otro.
Aplicación en la vida real ¿cómo estar presente sin convertirte en terapeuta?
A veces la mejor ayuda no es una frase brillante, sino tres actitudes constantes:
- Presencia concreta: “¿Te acompaño a la cita?”, “¿Comemos algo?”, “¿Te escribo mañana a tal hora?”.
La depresión y la ansiedad se sienten menos solas cuando hay acciones pequeñas que se cumplen.
- Preguntas simples que abren: “¿Qué es lo más pesado hoy?”, “¿Qué te calma un poco?”, “¿Qué te gustaría que NO haga al acompañarte?”.
- Verdad sin dureza: puedes ser honesto sin herir. “No tengo una solución, pero no me voy”. Eso suele ser más sanador que diez consejos.
Ejemplo de acompañamiento cristiano: ¡sin invalidar ni “dar sermones”!
Imagina que una amiga te escribe: “No puedo más. Me siento vacía. No quiero hablar con nadie”. Tú quieres estar, pero sin decir algo que la haga sentir culpable o incomprendida.
Escena 1: El primer mensaje (presencia + escucha)
Tú: “Gracias por confiarme esto. No voy a minimizarlo. Me importas. ¿Quieres que te llame o prefieres que solo me quede aquí contigo por mensaje?”
Ella: “No sé… me da pena. Siento que soy un estorbo.”
Tú: “No eres un estorbo. Tu dolor importa. Si te parece, no intentemos resolver todo hoy. Solo quiero entender: ¿qué es lo más pesado en este momento?”
Aquí practicas algo muy cristiano y muy humano: sentarte a escuchar. El Papa Francisco lo describe como un signo de encuentro auténtico: detenerse, acoger, prestar atención real al otro (Fratelli Tutti, 48).
Escena 2: Ofrecer ayuda concreta
Ella: “No tengo fuerzas ni para levantarme.”
Tú: “Entiendo. Entonces hagamos algo pequeño: ¿ya comiste algo hoy? Si quieres, puedo llevarte comida o pedirla y te la dejo en la puerta. Y si te parece, mañana te escribo a la misma hora para ver cómo sigues.”
Esto es acompañar sin invadir: no “exiges” ánimo, ofreces un paso mínimo y verificable. Ese tipo de apoyo suele sentirse más seguro que una frase motivacional.
Escena 3: Integrar la fe sin ‘atajos’ (oración como compañía)
Tú: “No quiero soltarte frases que te presionen. Pero sí quiero recordarte algo: no estás sola. Si te ayuda, podemos hacer una oración muy corta ahora. Y si no, está bien.”
Ella: “Sí… pero no sé ni rezar.”
Tú: “No pasa nada, yo la hago y tú solo respiras conmigo. ‘Señor Jesús, mira a tu hija con misericordia. Dale descanso interior, luz para pedir ayuda, y personas buenas que la sostengan. Amén’.”
Esto encarna lo que el Magisterio llama una mirada cercana que se detiene, se conmueve y acompaña cuantas veces haga falta (Evangelii Gaudium, 169).
Ojo: rezar así no niega la depresión ni la ansiedad; no es “todo se arregla si crees más”. Es decir: Dios está contigo en el proceso, y yo también.
Escena 4: Proponer ayuda profesional con caridad y responsabilidad
Tú: “Hay algo más que quiero decirte con cariño: lo que estás viviendo se ve muy pesado. Buscar ayuda profesional no significa falta de fe. Es una forma de cuidar el don de tu salud.”
Ella: “Me da miedo.”
Tú: “Lo entiendo. ¿Te parece si lo hacemos juntos? Podemos buscar opciones y yo te acompaño en el primer paso.”
Aquí se apoya un principio moral claro: la vida y la salud son dones que debemos cuidar razonablemente (Catecismo, 2288). Y también el estilo de Cristo: cercanía compasiva hacia quien sufre (Catecismo, 1506).
Escena 5: Seguimiento (la caridad se mide por constancia)
Al día siguiente: “Buenos días. Como te dije, aquí estoy. ¿Cómo amaneciste del 1 al 10? Si estás en 3 o menos, hoy no lo cargamos solos: busquemos apoyo y demos un paso concreto.”
Este tipo de seguimiento hace tangible el “estoy aquí”: la persona no se siente un caso, se siente amada y acompañada.
Nota pastoral importante: si la persona menciona ideas de hacerse daño, despedidas, autolesiones o desesperanza extrema, no lo manejes solo con frases o solo con oración: acompaña a buscar ayuda urgente (familia de apoyo, urgencias, emergencias). Eso también es caridad.
¿Cuándo buscar ayuda profesional y cómo ofrecerla sin presionar?
Busca ayuda profesional si hay señales como: ideas de hacerse daño, desesperanza intensa (“no tiene sentido vivir”), aislamiento marcado, cambios fuertes de sueño/apetito por semanas, ataques de pánico frecuentes, consumo problemático de alcohol/drogas o incapacidad para sostener lo básico del día.
Cómo decirlo bien: “Me importas. Esto se ve difícil de cargar solo/a. ¿Te acompaño a buscar un profesional? Podemos ver opciones juntos.”
Si hay riesgo inmediato, lo responsable es priorizar seguridad: llamar a emergencias de tu país o acudir a un servicio de urgencias.
FAQ
¿Qué decirle a alguien con depresión por WhatsApp?
Algo breve y real: “Estoy aquí. No tienes que responder perfecto. ¿Quieres que te llame o prefieres solo que me quede al pendiente?”
¿Qué NO debo decirle a alguien con ansiedad?
Evita minimizar (“no es nada”), presionar (“cálmate ya”) o moralizar (“es falta de fe”). Mejor valida y pregunta qué ayuda.
¿Sirve ofrecer consejos?
A veces sí, pero primero pregunta: “¿Quieres que solo escuche o buscas ideas?” Sin permiso, los consejos pueden sentirse como corrección.
¿Cómo apoyo sin cargar yo con todo?
Pon límites con cariño: “Quiero ayudarte, pero también necesito descansar. Busquemos juntos más apoyos (familia, amigos, profesional)”.
¿Puedo hablar de Dios y oración sin invalidar?
Sí: ofrece, no impongas. “Si te ayuda, rezamos”. Y recuerda que buscar ayuda profesional es compatible con cuidar la vida y la salud.
Si este post te ayudó a encontrar mejores palabras, compártelo con alguien que acompaña a otros (familia, catequistas, líderes, amigos).
Y si tú o alguien cercano necesita apoyo profesional con una mirada coherente con la fe, agenda una sesión en nuestra Red de Psicólogos Católicos de catholizare.com puedes encontrar psicólogos católicos y profesionales que te acompañen con verdad, caridad y criterio clínico.









