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Un amor hasta el extremo. 5 pasos para vivirlo como Jesús en el matrimonio.

“Un amor hasta el extremo”

Cuando celebramos la Semana Santa nos centramos en la prueba del amor de Dios por nuestra vida. Un amor hasta el extremo.

Un amor que no tiene límites y que es tan actual como nuestra vivencia diaria.

Contemplamos hoy ese amor que tiene una intención:

“Porque les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo he hecho con ustedes” (Jn 13,15)

En el camino que emprendemos como matrimonio, hay muchas cosas por aprender, muchas otras por conocer.

Otras tantas por vivir y hay momentos en los que simplemente no sabemos cómo avanzar, por eso, Jesús nos da ejemplo, nos dice cómo.

La característica principal es el amor, pero ¿Qué tipo de amor?

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¿Y cómo es? Es un amor que se construye, que con cada experiencia crece, que necesita de pequeños actos o detalles para hacerse más profundo.

EL EJERCICIO DEL AMOR: PASO A PASO

“…habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.”

Significa que es un ejercicio constante, pues “habiendo amado” no indica que se haya terminado la acción, sino que se sigue haciendo.

¡Cuántas oportunidades para amar tenemos al día! Al despertarnos, el saludo de buenos días, el abrazo y la pregunta que acompaña ¿descansaste?.

El ceder la entrada al baño, tender la cama, preparar el desayuno, desearnos un buen día…

Además dice, “que estaban en el mundo”, es decir, vidas totalmente ordinarias.

Con horarios y rutinas, con trabajos y descansos, con quehaceres y pasatiempos, con formas de vida humana.

Es muy fácil perdernos en el mundo de la rutina y el trabajo fuera o dentro de la casa.

Porque nos ocupa mucho tiempo y a veces llegamos a la noche solamente deseando cerrar los ojos para dormir.

¿Cómo es hasta el extremo?

Porque yo, como ser humano normal, tengo un extremo, tengo un límite, hay momentos en los que digo: ya no más.

Hay dos elementos previos que menciona el evangelio de Juan que Jesús ya sabía:

  1. La intención de Judas
  2. La naturaleza de su propia vida

LAS INTENCIONES

Las intenciones de los demás, este es el primer cómo que Jesús nos muestra. 

A veces pensamos que sabemos lo que mi esposo(a) quiere hacer, incluso pretendemos conocer las intenciones que tiene.

Pero realmente ¿las conocemos?, ¿no será que solo las imaginamos?

En Judas no estaba solo la intención, sino que tenía ya un propósito, que era entregar a Jesús, ya se había fraguado la traición y Jesús lo sabía.

Pero ¿Cómo actúa ante ello?, ¿Qué hace?

“Les he dado ejemplo” ¡Ay no! Es que cuando yo pienso que sé la intención de mi esposo(a), en lugar de amarle, lo que hago es alejarme, o enojarme, o quitarle la palabra…

Es tan fácil caer en este juego sucio de la indiferencia en la dinámica entre los esposos.

Porque el mundo nos ha enseñado que si alguien nos hace algo no debemos dejarnos.

O debemos defendernos y cuando no podemos hacer nada al respecto, simplemente ignoramos al otro.

Jesús sabe que hay una traición, pero allí, toma una decisión: amar

Por eso es un amor hasta el extremo, porque llega a esos límites de la vida humana pero amando.

Y esto es totalmente contrario a los valores que el mundo nos propone, pero Jesús nos muestra que viviendo las mismas situaciones que todo el mundo.

Se puede responder de otro modo, se puede actuar desde el amor.

NATURALEZA DIVINA

¿Cómo? Con la certeza de nuestra naturaleza de hijos de Dios, porque “había salido de Dios y a Dios volvía”. 

Cuando nosotros tenemos una duda, un problema en nuestro matrimonio, una dificultad por resolver, ¿sabemos nuestra naturaleza?, ¿la vivimos?

Es que mi esposo (a) es hijo de Dios y yo también y a un hijo se le ama con un amor incondicional.

Solo si yo me siento amado (a) de este modo podré responder como Jesús, amando.

Es también una forma de amar a mi esposo (a), una forma divina de amarle, siendo yo hijo(a) y sabiendo que también es amado así por el Padre.

Es verle desde otra perspectiva.

Jesús, en la última cena con sus discípulos

Se encuentra viendo y amando a los suyos con un amor divino, a otro nivel.

En nuestro matrimonio, ¿Cuál es el nivel del amor entre nosotros?

Estamos llamados a reconocer en nuestro esposo (a) su naturaleza divina, es decir, es familiar de Dios, como bien nos explica san Pablo:

 “…por cuanto nos ha elegido antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor.

Eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo” (Ef 1, 4-5)

Por eso la invitación a amarnos entre nosotros desde el amor que el mismo Dios nos tiene.

No cualquier tipo de amor, ni un amor muy grande, sino un amor divino, un amor hasta el extremo.

Un amor hasta el extremo

¿CÓMO AMAR HASTA EL EXTREMO?

Luego de estas dos premisas, nos muestra los pasos a concretar:

1. Determinación

“…se levanta de la mesa”; todos están cenando, habrían estado platicando, riendo, compartiendo y Jesús se levanta de su lugar.

Cuando alguien se levanta de la mesa es que irá a traer algo, necesita algo o va a servir a alguien.

Es el momento en que ha tomado una decisión y por ello se impulsa.

En nuestra vida matrimonial es necesario tomar decisiones en beneficio de ambos y luego realizarlos, fijar fechas o momentos específicos para ello.

Cuando decimos “deberíamos orar juntos”, y los dos estamos de acuerdo, inmediatamente decir, “hoy a las 4:00”, por ejemplo.

Porque si solo lo pensamos y nunca decimos el momento, se quedará solo en el pensamiento, o en el plan.

Levantarse también significa dejar su lugar y nosotros en la convivencia diaria estamos muy acostumbrados a tener nuestro propio lugar.

Para que nos reconozcan como lo que queremos, ya sea por nuestro trabajo o título o incluso género.

Y Jesús nos muestra que para amar, lo primero es dejar nuestro lugar, porque si nos instalamos en él, corremos el riesgo de no movernos nunca.

Y por lo tanto de no avanzar; nos amamos, trabajamos, vivimos juntos y ya. Pero, ¿y nuestra vida espiritual?

2. Despojo

“…se quita sus vestidos”, se despoja de ellos.

¿Qué debemos quitarnos nosotros como pareja para amar con un amor hasta el extremo? ¿A qué estamos acostumbrados?

Usualmente “nos ponemos” criterios, formas de respuesta, argumentos, incluso justificaciones en nuestra manera de actuar frente al otro utilizando éstos como la fuerza de convicción para hacer lo que queremos.

Y ahí tenemos: “en mi casa se hace de este modo”, “mi mamá me enseñó que es así”.

“Es que mi papá dice que para que nos vaya bien tenemos que…” Ya el evangelio de Mateo nos dice:

Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne.

De manera que ya no son dos sino una sola carne” (Mt 19, 5-6)

Despojarnos de esos criterios, pensamientos, formas de guardar la ropa, de cocinar e incluso de salir a pasear.

Para construir entre los dos nuestro propio hogar, porque ahora “mi casa” es aquella en la que vivimos los dos, no aquella de la que cada uno venimos.

Ser una sola carne significa que siendo dos personas totalmente distintas tenemos una vocación en común.

Y que estamos llamados a cuidar entre los dos

este sacramento como algo sagrado que se nos ha confiado.

Cuando nos casamos no pensamos en lo que teníamos que dejar pues que la ilusión, el amor, la alegría de vivir juntos eran sentimientos primordiales.

Por lo que ni siquiera pensamos que teníamos que dejar la casa de nuestros padres.

Sino que nos fuimos a construir nuestro hogar con la persona que elegimos para amarnos.

Lo que quiero decir es que si vemos las ganancias, no nos fijaremos en las renuncias.

Pero si vemos solo lo que tenemos que dejar entonces será más difícil cualquier renuncia, por mínima que ésta sea. 

3. Medios

“…y, tomando una toalla, se la ciñó”, esto lo hizo con el fin de tener a la mano lo que le iba a servir, es decir que la utilizó como una herramienta, pero me llama la atención que dice “se la ciñó”.

¿Cuáles serían esos medios que nos ciñen en nuestro matrimonio?

Es tomar conciencia de aquello que nos sirve para cuidar lo más sagrado que se nos ha confiado.

Desde un horario y lugar para nuestra oración hasta la elección de un director espiritual.

O compartir entre nosotros lo que vamos entendiendo de parte de Dios para nuestra convivencia.

4. Concreción

“Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido”.

Imaginemos la escena, el Maestro, lavando los pies a los discípulos.

Es un acto de humildad tremendo, porque este trabajo estaba destinado a los esclavos y Jesús muestra su amor de este modo, escandaloso ante los ojos de todos los presentes.

¿Cómo amo yo a mi esposo(a) con un amor así? 

Es más, ¿estaría dispuesta(o) a realizar un acto de amor de esta forma?

Veamos, luego de un tiempo de vivir juntos conocemos un poco más a nuestra pareja.

Y sabemos incluso cómo reacciona ante determinadas circunstancias, nos hemos amado y sinceramente también nos hemos ofendido.

A la altura de nuestra convivencia en pareja,

¿Estaría dispuesta (o) a demostrarle así mi amor? 

Es ponerme a sus pies, con humildad, despojada(o) de todo lo que me impide verle con amor y ceñida(a) solo con la fuerza del amor.

Lavarle los pies a mi esposo(a) es manifestarle que estoy dispuesta a ser una sola carne con él (ella).

Que quiero renovar el amor que nos motivó a unirnos y vivir juntos pero con el conocimiento que ahora tengo de su persona.

Es buscar el lugar de sierva(o) no de ama(o) en nuestra relación, es no querer estar por encima de sus opiniones sino dispuesta(o) a escuchar lo que tenga que decir, es confiar en que me ayudará a ir a Dios.

Y por otro lado es también una muestra de gratitud porque me conoce y me acepta como soy, “me aguanta”, me apoya, está conmigo.

Es un acto de amor en el que nos beneficiamos los dos porque implica que elevamos de nivel nuestro amor.

5. Reproducir su amor

Jesús dice que nos da el ejemplo para que nosotros hagamos lo mismo y esto es que luego de beneficiarnos como pareja en nuestra convivencia.

Nos comparte el gozo como fruto del Espíritu Santo cuando aprendemos a amar de esta forma.

Al mismo tiempo es una invitación para que seamos testimonio de ese amor que recibimos y que invitemos a otros matrimonios a vivir del mismo modo como Jesús nos muestra para alcanzar una vida plena.

Gracias Jesús, porque en este tiempo en el que celebramos la pascua, nos invitas a adentrarnos en tu vivencia de amor hasta el extremo.

Oración:

Agradecemos querido Dios que nos manifiestes tu amor para invitarnos a reproducirlo en nuestra vida.

Te pedimos por todos los matrimonios que han leído este post. 

Ayúdalos en sus necesidades físicas y espirituales, que cada uno contemple el extremo de tu amor y lo experimente en su corazón y que reciba la fe y la fuerza para vivirlo cada día. Amén.

Betty Ventura y Luis Alvarado.

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